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El arte de escribir

 

Os contaba hace unos días que, después de muchos años (casi dos décadas) había encontrado a uno de los profesores de mi Facultad. Aprovechando unos ratillos que he tenido, he tratado de ponerme al día releyendo alguno de sus escritos. Hay uno que he disfrutado con especial agrado y atención porque aborda el tema de "La escritura como modo de vida". En algún momento del artículo, P. S. explica, y cito textualmente (espero que con su permiso aunque no se lo he pedido): "aprender a escribir el mensaje de una valla publicitaria, una novela, un artículo periodístico o una carta de amor no consiste en aprender formas de decir sino en aprender a adensar en la propia alma -como día María Zambrano- aquello que se quiere decir. Consiste en rumiar lo que uno ha visto y escuchado en función de la realidad de uno mismo y de aquellos a quienes tiene que contárselo...".

 

Cuando uno escribe para un destinatario desconocido, como es el caso, evidentemente se encuentra con la dificultad de que, al no conocer la realidad del receptor, puede ocurrir que el mensaje se desvirtúe o pierda parte de su fuerza y contenido en el trayecto cibernético.

 

Sin embargo, otra de las cosas que P.S. afirma en su artículo es que "la fuerza, el vigor, la garra de un mensaje escrito, sonoro o audiovisual, no depende tanto de de su forma como de la fuerza, el vigor o la garra del pensamiento que expresan".

 

Evidentemente, muchas de las cosas que escribo, y después traigo al blog, puede parecer que no tienen fuerza ni vigor ni la garra de un pensamiento. Sin embargo, todas ellas se han gestado a partir de mi propia experiencia, presente o pasada, y de las circunstancias que me rodean o situaciones que se producen en mi entorno.

 

Para mi escribir es una necesidad, un instinto que durante mucho tiempo ha permanecido en un rinconcito escondido de mi estómago (que, al parecer, es donde se almacena lo mejor y lo peor de mi misma) y que sólo ahora empieza a aflorar, con la posibilidad de convertirse en un torrente que amenaza con anegar incluso a esta Lamia.

 

Durante estos años he debido estar rumiando, como dice P.S., mi realidad para, pasada por el tamiz de la imaginación, mis aspiraciones, mis deseos y mis frustraciones, aflorar en relatos, poemas, sentencias.... Escribir es para mí un impulso que nace en el centro del estómago y, tras pasar por el corazón, adquiere carta de naturaleza en mi pensamiento. Aunque me ha costado mucho llegar a esta conclusión, atravesando esa realidad de la que os hablaba, no voy a volver a renunciar a esta pulsión que me hace sentirme viva, real y que, al mismo tiempo, me impulsa hacia otros mundos soñados que atrapo con la tinta oscura que tiñe las hojas.

 

P.S. termina su artículo asegurando que el dominio de las palabras es un don que, sin embargo, puede llegar a aquel que trabaja para conseguirlo. Os aseguro -como decía no sé quién- que si algún día llega el don, me encontrará trabajando.

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5 comentarios

Lamia -

Es verdad, Carlos. Después de escribirlo leí una entrevista en la que lo comentaban.

No te preocupes, Amam. Es sólo una forma de hablar. Me encanta escribir y seguiré haciéndolo.

amam -

Sobre todo que el torrente de tus palabras no anegue a Lamia, que nos privaría de ellas, y sería una pena. Besos
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carlos -

Pues lo que regurgitas desde el estómago es muy digerible por los que nos queremos nutrir de buenos escritos para alimentar nuestras ansias literarias. Gracias por dejarnos leer en tus vísceras y descubrir tu interior.
Creo que lo de que las musas lo encontraran trabajando lo dijo un pobre pintor que luego se le conoció como Pablo Picasso. ¡Ahí es ná! lo que nos legó a base de trabajarse el "DON".

Lamia -

Tu si que tienes un don. Gracias por dejarme tus palabras.

Fernando -

escribir es un juego de sombras y luces a veces en el alma aveces en la piel...besos.
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