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Silencio

Silencio

El silencio lo invade todo. Y a veces es tan denso que se hace audible. Porque no hay palabras, ni sonidos. Ni siquiera un suspiro. Sólo el vacío de la nada. Y pesa tanto que abruma.

 

Las hojas, que habitualmente susurran cuando las acaricia del viento, han enmudecido también. La luz se filtra entre las ramas y se vierte en trazos perfectos que componen sombras silentes y escurridizas. El haz de las hojas devuelve el brillo que rechaza el envés. Y el aire es espeso. Potente. Sincero.

 

Los pájaros guardan silencio. La vida, detenida en pausa infranqueable, no es más que polvo en suspensión.

 

Las hayas, eternas guardianas y reinas del bosque, guardan los secretos. Sus brazos, ramas añosas que buscan espacio, tejen un mimbre de verde ceniza.

 

Tampoco hay palabras que cuenten historias. El tiempo, detenido, espera que el sol se oculte.

 

Y cuando llega la noche, en el cielo oscuro que tiende un manto nuevo sobre el hayedo, nada cambia. Porque no hay nada. Sólo el vacío. Las ramas, unas sobre otras, buscan el descanso que les niega el viento. Las hojas, blancas, verdes, cenizas contrapuestas, duermen.

 

Y detrás del musgo que guarda la roca del negro más negro, se esconde Lamia, esencia del bosque, que nutre su alma en la fuerza del viento, en el sol que se esconde, en la luna que baila, en las hojas que chillan. Y sueña. Y el aire es espeso. Potente. Sincero. Pero no lo escucha. Rechaza el silencio.

 

Lamia, hechicera que habita las tierras del bosque, sueña con lugares en los que el agua abunda. En los que el viento sopla. E imagina un mar profundo, plagado de ausencias. Un océano amplio de verdes y negros. Horizonte extenso. Un tiempo preñado de ruido. Palabras e historias que llenen de vida la nada. Porque el río de términos que narran derrotas es siempre más cálido que la ausencia, que el vacío, que el silencio.

 

 

El hombre que lleva el corazón en las alas, que conoce algunos de mis secretos  y mi amor por las hayas, es el autor de la fotografía que ilustra esta entrada y con la que ha tenido la generosidad de obsequiarme. Por eso, y porque su amistad es un regalo inesperado, cumplo con una promesa que le hice hace unos días cuando le dediqué un post apresurado y prometí que algún día escribiría con más calma. Sólo espero que le guste.   

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7 comentarios

Javier López Clemente -

Siempre hay palabras en nosotros, por eso, lo relamente bello del silencio es la decisión de mantenerlo.

Salu2 Córneos.

Lamia -

Así lo haremos... Besos

CARLOS -

Enhorabuena por esos sentimientos y un saludo a mi tocayo, de tan suave sensibilidad...Cuidaos bien!
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Lamia -

Gracias a ti, Carlos.

carlitos -

Nadie podría decir tanto de una simple foto. Me alegro de que te haya inspirado. ¡Me ha encantado!. Gracias, ninfa de los hayedos.

Lamia -

¿Dónde mejor?

Fernando -

te guardas en el bosque el hechizo de los silencios..besos.
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