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19 de noviembre

19 de noviembre. 19. 1 y 9.

 

A pesar del tiempo transcurrido,  no consigo despojarlo del vestido de odio, dolor, desesperanza, de miedo. No es sólo un número. Ni un solo día. Porque el 1 y el 9 se conjuran dando paso al 20. Y así... hasta el 8. Jornadas habitadas por el dolor y el miedo. Lágrimas. Muchas lágrimas. Y el corazón descarnado, devorado, rasgado, arañado, desgarrado en mil jirones.

 

El dolor, todavía, permanece agazapado y, cuando vuelve noviembre, antes de que lleguen los números, anticipa la fecha tatuada en mi alma. Y, sin querer, aparece el odio; ése que me costó tanto tiempo desterrar. No por nada, sino porque dañaba tanto que sólo sumaba horror al lamento que expresaba. Y lo enterré. Tan profundo, que a veces tengo que recordar que existió. Porque aún debo protegerme. De sus ojos, sus palabras, sus acciones, sus lamentos, sus cantos de sirena varada. Porque esta mañana lo he visto. Como casi todos los días. Después de tanto tiempo sigue tan presente... La sombra que proyecta ensombrece todo lo que toca. Y cae sobre mí como la losa de una tumba. Que oculta la luz. Para siempre.

 

Pero intento recordar que hoy sólo es 19. 1 y 9. Nada más.

 

Y me levanto, otro día, con la esperanza de que sople el cierzo, llevándose la niebla tan lejos... Y con ella el odio. Y el miedo. Y el temor. Y la inseguridad que se instaló en mi vida.

 

Ésa que me hace dudar de una sonrisa tan dulce...

 

Que me hace sentir que no soy nada. Ni nadie. Y regreso al pasado. Y lo veo de nuevo. Y no me permito avanzar. Porque prefiero el dolor al sentimiento. Porque siempre me equivoco. Porque nunca es lo que quiero.

 

E intento pensar que el resto del tiempo no es sólo una espera de este regreso. Que lo que ocurre no es sueño. Que existe. Que es cierto.

 

Cada mes de noviembre, cuando las nieblas traen el susurro de otro tiempo, me envuelvo en la bruma, me escondo, me cierro. Para que nadie llegue tan hondo que vea en mí el odio que hierve esperando la chimenea que construyen el 1 y el 9. Y que surge: violento. Con la fuerza de los elementos. Casi tan puro como cuando fue concebido. Con la misma intensidad con la que antes amé, todo mi ser se volcó en construir un bloque compacto, denso, macizo, impenetrable. Una arquitectura perfecta en la que enterrar el pasado. Una edificación sólida para guardar y ser guardada. 

 

Y cuando inquieres cómo estoy, te respondo sonriendo porque te hurto esa parte de mí. Tan oscura. Tan profunda. Tan ajena a mi ser. Tan extraña que a penas la reconozco. Sin embargo, sigue ahí. Aletargada.

 

Vuelve siempre en noviembre. Cuando las hojas caen, cuando las flores mueren.

 

Hoy es 19 de noviembre. 19. 1 y 9.

 

(No me busquéis, no me llaméis....pero no me ignoréis. Aunque yo estaré por ahí, mi alma se ha ido lejos, tratando de olvidar que cada hora, cada minuto, cada lugar... siguen ahí a pesar de que es 19).

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8 comentarios

Lamia -

Tiene mucho que ver con esto:
http://lamia.blogia.com/2008/110303-noviembre.php

paula -

¿qué te pasó el 19 de noviembre? yo llevo tatuado en la piel el 17, como el día en que me dieron un golpe de muerte... y sobreviví. Cada año lo celebro, celebro que he vencido a la muerte, aunque mi cuerpo entero sea una cicatriz.

te dejo un abrazo enorme y solidario

Lamia -

Gracias. Os siento junto a mí.

amam -

No permitas que nadie te haga sentir que eres nada. Ya pronto termina Noviembre. Un abrazo

carlos labarta -

Lamia, olvida... O piensa que también en Noviembre, sorprendentemente, nacen las rosas en los jardines... En mi jardin, en ese pequeño reducto de tierra que llamo jardin, colmado de grandes rocas por las que surgen las hierbas y se asoman las plantas que deposité hace tiempo, han ido surgiendo unas maravillosas rosas...

carlitos -

Pues ya estamos casi a 20N. Y eso debería animarte y sentir que no hay mal que cien años dure. Si no, que le pregunten al Sr. del Valle de los Caídos. ;-)

Lamia -

Éste no...

Javier López Clemente -

Miro por la ventana y no hay niebla. Algunos noviembres pasan sin nieblas.

Salu2 Córneos.
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