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De Z a S pasando por AC

 

De Z a S pasando por AC

 

Esta mañana he visto paisajes que a veces he soñado. Partiendo de Z, donde la lluvia empezaba a colarse por los resquicios que dejaban algunos tímidos rayos de sol, he llegado a AC. Pero en el trayecto, dentro y fuera de las nubes, he visto escenarios imaginados.

Al iniciar el vuelo, fragmentos ajedrezados de tierras oscuras y grises formaban un puzzle continuo de espacios desconocidos. Sobre ellos, alternando con la claridad del día, cúmulos blancos y grises adornaban una tierra yerma.

A medida que hemos ganado altura, las estelas que forma el río horadando el valle han quedado desvaídas. Sus bordes, desdibujados por la distancia. Y en lo alto, mantos de algodón que mantienen el calor de un otoño que está cediendo el paso al invierno sin recato, a destiempo.

Y de repente, me he sentido flotar. La cabeza ligera, el corazón libre de ataduras. Era nieve entre las nubes, espuma de mar en la cresta, copos de hielo escarchado creando estrellas imperfectas. Y entre los cúmulos he descubierto la barba de Santa Claus, y el humo que hace el indio con su manta en la cima de la montaña, y un conjunto de iglúes. Y, de repente, un muro de agua escarpado. Un trozo de mar en el cielo. Una ola terrible. Una montaña líquida que nos ha engullido hacia la Nada. Y la Nada era blanca. Y no dolía. Sólo había paz. Pero también silencio. Mucho silencio. Y, al igual que el nonato flota en el vientre de su madre, he sentido que el vacío me acunaba. Suavemente. Y en él he querido mecerme. Al son de una melodía ascendente. Luego descendente. Un giro a derecha. Un poco más cerca.

Y, de pronto, ese manto lechoso ha dado paso a una cierta espesura que, congregándose en bloques, permitía atisbar otro abismo, el de Finisterre. El Océano Atlántico se ha hecho presente. Primero al filo del terreno, creando cicatrices de espuma revoltosa, para después, tras una nube derretida, asomarse en todo su esplendor. Una exhuberancia oscura porque el temporal se cernía sobre la costa, de dentro hacia fuera. Y las nubes se derramaban en lienzos antiguos y espesos.

AC nos esperaba. Y desde allí a S. Por un camino jalonado de un color tan verde como yerma era la tierra que habíamos dejado.

Y en S. una voz del pasado, con la que ya no contaba, ha hecho que el día mereciera la pena. 

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2 comentarios

Lamia -

Esta vez no era un relato. Me acordé de ti. La imagen era preciosa.

carlitos -

¡qué bonito!. Me has hecho sentir maravillosamente la sensación de volar entre nubes. Me quedo con la suavidad del relato.¡bravo!
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