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lamia

Nada que contar

Llevo un rato sentada ante la pantalla. Primero en el sofá, con La Travista de fondo y el enano montando su fuerte para construir batallas de soldados y caballeros. Después frente a la mesa, con Chopin, que siempre es una apuesta segura. Y ni aún así. Hoy no sale nada. Debo haberme quedado vacía. El peque dice: "¡Déjalo, mami! Ya te imaginarás algo después". Pero yo, erre que erre, soy de las que creo que la inspiración debe encontrarte trabajando.

 

Como en otras ocasiones, he empezado a emborronar páginas. Porque, al igual que ocurre en el deporte, la escritura hay que precalentarla.

 

Quizá es que me he acostumbrado a lo bueno demasiado pronto. Llevo una temporada en la que todos los días encuentro cientos de motivos acerca de los cuales escribir. Y la estructura de la pieza surge casi sin esfuerzo.

 

Sin embargo, para qué hacer las cosas fáciles pudiendo hacerlas difíciles.

 

En lugar de aprovechar lo que naturalmente llega, a veces me pongo tareas. Y en este momento tengo dos pendientes a las que, de ninguna de las maneras, parece que pueda darles forma.

 

Por una parte, he empezado un cuento para una pequeña que está atravesando un mal momento. Bueno, en realidad quizá sea demasiado decir eso de una niña de cinco años pero no es menos cierto que los críos también tienen etapas de crisis como consecuencia de algunos cambios a los que tienen que adaptarse en su desarrollo. Es un cuento que habla de hadas. De hadas que habitan un Bosque de Helechos. Y ahí estoy. No paso de la primera página. Y eso que me siento una y otra vez. Pero nada.

 

Otra de las tareas que tengo pendientes es un sueño sobre una imagen. Un reflejo de hojas y luces que me atraen y sobre los que, de momento, tampoco puedo decir nada. Y las miro. Una y otra vez. Y me absorben como la primera vez que las vi. Sin embargo, parece que mis dedos se resisten a teclear lo que el espíritu todavía desconoce.

 

El proceso de creación en mi caso sigue un camino bastante abrupto. Las ideas surgen en momentos imprevistos a partir de palabras, sonidos, imágenes, noticias, sensaciones... Deben atravesar un espacio desértico en el que permanecen aletargadas en un continuo que me acompaña sin molestar. Vuelven una y otra vez a lo largo de día de distintas maneras. Y les doy una vuelta... y otra. Y añado un detalle... Y no pienso nada... Y me inspiran de nuevo. Se van, vuelven... Y, de repente, un buen día, me siento ante el ordenador y las palabras surgen sin dificultad y los dedos son una línea fluida entre el pensamiento y el relato.

 

Pues bien, en estos momentos, ambas historias, que de alguna manera han nacido entrelazadas porque las dos surgen de la combinación de una imagen y una palabra, están escondidas en mi particular desierto. Y no lo pasan bien. Les falta esa inspiración que nutre los relatos. El espíritu que les ha de dar vida. Y juntas transitan por un espacio frío del que trato de sacarlas sin éxito.

 

Porque, y eso hace tiempo que lo sé, cuanto más énfasis pongo en acelerar el proceso, mayor lentitud aplican las historias al tiempo que precisan para su maduración.

 

Así que no queda más que esperar. Cuando surjan... vendrán a mí con la urgencia del amante. Exigiendo. Hurtando mi tiempo para volcarse atropelladas antes de que la inspiración escape de nuevo a ese tiempo desierto en el que los relatos duermen.

 

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11 comentarios

Lamia -

¿Es el cariño lo que tiñe tus letras? Gracias, Carlos. Ha sido un placer volver a hablar contigo.

carlitos -

¡Menos mal que no tienes bnada de lo que escribir!. ¿Qué sería de nosotros, tus fieles lectores, si todos los días nos "obligaras" a leer todo lo que se te ocurriera?. No podríamos vivir por falta de tiempo. Así que no te preocupes. Ni siquiera necesitas la visita de las musas. Tú solita te bastas para llenar nuestros espacios.

Lamia -

Estrella, tu comentario no hace sino confirmar mi teoría del precalentamiento de la escritura... Besos.

Jubi, eres el primero (quiero decir el primero que comentó en mi blog). Muchas gracias por estar siempre a mi lado.

Amam, yo estuve un tiempo flirteando con las ciencias hasta que el Destino me mostró mi verdadero camino. Las letras me han atrapado finalmente y a veces, con más frecuencia de la que yo querría, acabo siendo una esclava de ellas. Sin embargo, no reniego de nada. Aunque a veces pienso que hay cosas que es mejor dejarlas dormir para que nazcan sin la fuerza del impulso incontrolado. Gracias por tus palabras, siempre.

Amigoplantas... es verdad. Por fin estoy gozando de todos y cada uno de los momentos que tengo. De todas y cada una de las circunstancias de mi vida. Incluso de las adversas. Porque hasta ésas tienen una parte positiva.

amigoplantas -

Disfruta ese oasis

Disfruta elhecho de parar

Para con gozo

y goza

amam -

Ya me gustaría poder expresarme a mí, la mitad o incluso tercera parte.... de bien, que tú lo haces. Todo hay que decirlo, soy de ciencias no de letras. Besos

unjubilado -

Ya querría tener yo tu inspiración y tu manera de escribir.
Un abrazo

Estrella de Mar -

Para no estar inspirada has escrito un post muy bonito. Sobre todo a medida que se iba acabando,que ha ido tomando fuerza...no sé.A mi me ha encantado.

Besos

Lamia -

Gracias a los tres. A Golfo, por su visita y por sus palabras. A Sofi, por sus ánimos. Y a Nerim, por esa brisa del norte que siempre me trae.

Nerim -

Suele pasar, a mi tambien me sucede un tanto de lo mismo y cuanto más me empeño en escribir, las ideas mas se alejan y la pantalla sigue en blanco.
Levantate, da un paseo, oye musica y fijate en la gente que va por la calle, es altamente inspirador.

Un fuerte abrazo

sofi -

Pues yo creo que si que estás inspirada, sigues siendo trasmisora de tus pensamientos, aun en medio del desierto. Un saludo

Golfo -

Dicen a los arquitectos que la mejor manera de empezar un proyecto, una idea... es meterte en un cine, zambullirte en una novela, ir al teatro o dar un paseo por ahí. Algo que excite a las neuronas para que cuando la hora llegue estén todas despiertas y receptivas. Pero ellas no deben darse cuentas, celosas de su reino, no deben saber quien manda. El ritmo llega y de pronto se ven bailando, ahora ya no se escapan. Factor sorpresa interior. Algo de paciencia y ¡Zas!.
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