Se muestran los artículos pertenecientes al tema Ensoñaciones.

Words on a hot roof

20090324234959-6322.jpgPrimero fueron letras,
dispuestas en espacios amplios.
Sin tapias. Sin almenas.
Palabras sinuosas que componen legiones impresas.

Hallé vocales:
en el desván, bajo las tejas.
Entre los surcos que dejó la niebla
encontré una h: era una hoguera.

Palabras que el cierzo acuna.

Palabras viejas.

La hoguera, encendida, les tuvo pena.
Mientras, los troncos ardían.
Volutas ligeras conformaron poemas.

Palabras, poemas…
Sólo ellos, cuando murmuran, hacen más leve la espera.
24/03/2009 23:50 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 2 comentarios.

La Arquitectura de tus Huesos

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El proyecto que impulsa Luisa Miñana con "La Arquitectura de tus Huesos" está a punto de alcanzar su punto final. Esta semana ha subido a la red un capítulo en el que Miguel Ángel Latorre aborda las conexiones entre la arquitectura y la poesía. Adjunta con su fotografía dos textos de Neruda y Miguel Hernández en los que se hace referencia a la "construcción" de una casa que parte del llanto y el desgarro para llegar a la primavera y la esperanza.

A mí me ha emocionado.

23/03/2009 12:19 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 4 comentarios.

Primavera

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Sólo luz....

 

La foto se la he "robado" a Carlos.

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18/03/2009 19:19 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 2 comentarios.

Nombre

Es hoy mi nombre sombra que fue.

Nuda soledad lo habita.

Es hoy mi nombre estela yerma de silencios.

Es únicamente huella, marca indeleble, desierto.

Es hoy mi nombre un huérfano hueco.

Es hoy mi nombre un abismo que crece.

Mi pecho anhela calor, ¿lo tienes?

Es hoy mi nombre lamento.

Es únicamente anhelo, codicia, espera, deseo…

Es hoy mi nombre un indicio.

Es hoy mi nombre tu aliento.

Es hoy mi nombre sombra que fue.

Si me nombras, la soledad es fuego.

 

 

 

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11/03/2009 00:19 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 2 comentarios.

Ausencia

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Me he cruzado contigo bajo el magnolio. Ése al que han cortado las ramas para evitar que sirvan de almena a los miles de pájaros ruidosos que lo habitan. Enlazando nuestras miradas, el aliento ha escapado entre los labios acariciándose con la levedad del cierzo. Sin palabras. Sólo el corazón y el viento.

 

La foto, aquí.

09/03/2009 18:42 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 4 comentarios.

Fernando Sarria

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Este fin de semana me voy a deleitar con este poema de Fernando Sarria.

 

 

 

 

 

 

 


¡Hay tantas palabras que te esperan
en la simiente de la lluvia!...
Mientras yo miro el horizonte
y me estremezco
al sentirte respirar entre los muelles.

 

 

La foto, aquí.

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04/03/2009 16:04 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 3 comentarios.

Que pare el mundo, que me bajo

Dicen que el mundo gira alrededor del sol y sobre si mismo. Yo quiero bajarme. Por favor, que pare sólo un momento que me bajo. Y, si me lo permiten, me quedo un ratito en una esquina recóndita, donde no llegue el sonido, ni la luz, ni las palabras. Donde sólo exista el silencio, ése que conozco tan bien.

26/02/2009 11:39 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 2 comentarios.

Más flores

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Tengo en mi casa, encima de la mesa de la cocina, dos pequeños manojos de flores amarillas. De esas que crecen libremente junto a las veredas. Parecidas a las que uno puede encontrar cuando un domingo por la mañana sale a dar una vuelta por los campos de los alrededores. Muy similares a las ves cuando recorres un sendero de montaña. Parecidas a aquellas que, cuando éramos pequeños, arrancábamos sin cuidado en una carrera desenfrenada por llegar al final del camino antes que nadie.

 

Son dos pequeños ramilletes de un verde musgo en el que las flores, de amarillo intenso, se yerguen orgullosas durante el día y se vuelven tímidas al abrigo de la noche escondiendo su rostro y velando sus pétalos hasta que el amanecer les devuelve a la vida.

 

Las flores que han llegado a mi casa no tienen el relumbrón que presentan esas grandes margaritas que se asoman a los escaparates de algunas floristerías, ni el perfume insípido de los frutos de invernadero, ni los pétalos perfectos que sólo el jardinero consigue a base de injertos y humillaciones.

 

Nada de eso. Mis flores, las amarillas, tienen la fortaleza que les ha conferido una tierra parda, la tristeza de una tarde de invierno en la que el cierzo ha soplado hasta casi arrancarlas de su base, la humedad de esa lluvia que cae constante y liviana pero que empapa los campos. Mis flores, las amarillas, tienen imperfecciones, rasguños, heridas profundas también, fruto de los vaivenes a los que las ha sometido la corriente que genera el viento cuando sopla cerca del agua y levanta las hojas. Esas niñas mimadas del viento, que viajan sin orden ni concierto. Esas criaturas caprichosas que unas veces suben y otras veces bajan. Esos vestigios que resisten el invierno a la espera de una primavera que cada día está más cerca.

 

No recuerdo cuándo fue la última vez que hubo flores en mi casa. Quizá coincida con aquel tiempo en el que aún sabía besar. Pero si de algo estoy segura es de que aquellas fueron flores de invierno, frías, sin aroma, perfectas y duras. No como las que ahora adornan mi casa. Mis flores, las amarillas, han traído un calor desconocido. Una ternura que emociona. Un aroma tan intenso que, aún cuando no estén, seguirá impregnando cada espacio de mi hogar. Una luz que se refleja en todos y cada uno de los pétalos de todas y cada una de las flores amarillas de esos dos ramilletes verdes. Mis flores, las amarillas, las que han llegado por sorpresa, sin saber muy bien cómo ni cuándo, han conseguido además aflorar algunas preguntas que aguardaban ocultas en un corazón puro. Preguntas directas, duras, incisivas, ansiosas de encontrar respuestas. Preguntas que duelen pero que alumbran una nueva certeza. Preguntas que otros querrían formular y por respeto no plantean. Preguntas que sólo la inocencia con la que se expresan convierten el dolor de la respuesta en una herida más liviana.

 

Mis flores, las amarillas, duermen ahora acunadas por el fondo acuoso en el que se bañan.

Mis flores, las amarillas, esconden sus pétalos. Tímidas, vergonzosas.

Mis flores, las amarillas, despertarán mañana con el valor que les dio la tierra.

Mis flores, las amarillas, volverán a desplegar sus pétalos con el esplendor que sólo un sol radiante permite.

Mis flores, las amarillas, suspirarán con la caricia del rocío.

Mis flores, las amarillas, extenderán sus pétalos y, unidas, aguardarán el verano.

 

La foto, aquí.

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16/02/2009 23:14 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 2 comentarios.

On a hot roof

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Bajo las tejas, la oscuridad que inunda el alma

esconde jirones ajados,

retazos de vidas antiguas superpuestas,

enlazadas, muertas.

 

Entre las tejas, surcos profundos preñados de ausencias,

se oculta la escarcha.

Y en ellos, las hojas, niñas mimadas del cierzo,

empapan el dolor de la espera.

 

Sobre las tejas, donde nunca miras,

creció un tapiz de ternura

en el que las risas, huérfanas eternas,

han calentado su urdimbre

dibujando el sol y la niebla.

 

Foto: M. A. Latorre

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13/02/2009 11:19 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 4 comentarios.

Cosas que preferiría no saber

 

Hay cosas que preferiría no saber. Porque me hacen daño; porque no me gustan; porque hacen tambalear planteamientos largamente analizados,; porque me dan pistas sobre el dolor ajeno; porque se instalan en el centro del cerebro horadándolo de dentro hacia fuera y de poco a mucho; porque hacen que me despierte de madrugada; porque me sitúan en un lugar en el que no deseo estar aunque haya sido elegido; porque me convierten en alguien nocivo; porque me hacen pensar que no soy quien yo creo ser; porque me llevan a terrenos procelosos que, por desconocidos, me asustan; porque me hacen dudar; porque me llevan a situaciones que creía superadas; porque ya soy muy mayor para aventurarme en paisajes exóticos; porque me instalan en la duda permanente; porque me hacen daño. Porque me hacen daño... hay cosas que preferiría no saber.

11/02/2009 14:36 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 3 comentarios.

El color de la semana

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Durante muchos años, y aunque ya no recuerdo las equivalencias exactas, los días de la semana tenían diferentes colores para mí. El mejor día era siempre el jueves. Hacía mucho tiempo que no pensaba en ello pero hoy, merced a un pequeño detalle, leo mi jornada en verde y rojo. A pesar de ser lunes, es un día alegre, redondo, completo, tierno, nuevo, esperanzador y sobre todo, sobre todo, verde y rojo. Muy rojo.

 

 

La foto, aquí.

09/02/2009 16:32 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 6 comentarios.

Fernando Sarria

Porque él lo expresa tan bien... Porque me gusta lo que dice.... Porque me siento un poco así.... Porque vengo del silencio... un silencio que empieza a llenarse de palabras... Porque yo sueño también con mundos distintos y los veo en cada gota de rocío o en cada hoja de mis hayas.... Porque también soy simple... Porque no sé si llegan a cuatro verdades pero alguna certeza he obtenido... Porque mis manos se quedan huérfanas después de un roce tan dulce...

Por eso, traigo aquí un nuevo poema que Fernando Sarria publica en su blog.

 

Vengo desde el silencio,
un desierto de invierno me precede
y hace sofismas de la lluvia
como si en su toga se escondieran
las cuatro verdades que conozco.
Soy tan simple
que veo en cada gota de rocío
un mundo apresado en su infinito sueño
y ese rumor de campanas
y restos de estrellas
que quedan en mis manos cuando te tocan.

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03/02/2009 10:32 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 4 comentarios.

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Caricia leve.

Así es tu aliento.

Casi lamento. Un susurro impreciso.

Escarcha y cierzo anudan tu ausencia

pariendo un vacío, tan oscuro y denso,

que atenaza el alma y la viste de invierno.

 

22/01/2009 19:42 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 9 comentarios.

Vacío

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Ha paseado tan cerca del cielo… saboreando casi su textura,  

 

que, al saltar para atrapar las nubes, jirones de escarcha arañaron sus manos.

 

Y, de nuevo, el vacío avasallando su alma.

 

Y el silencio, compañero inevitable, ya no era un consuelo.

 

Porque el camino, siempre duro cuando dibuja paisajes de ausencia,

 

emulaba al juego.

 

Y es entonces cuando el vacío llenaba el espacio que antes ocupó el cielo.  

Foto: Carlos Sancho

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21/01/2009 23:19 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 5 comentarios.

Fernando Sarria

Fernando Sarria recibe esta tarde en la Delegación del Gobierno un premio por su poemario "El Alhaquín".

Para variar, y aunque me había hecho la firme intención de acompañarlo, cuestiones laborales me van a mantener alejada de la cita.

Sin embargo, aplaudo desde aquí ese merecido reconocimiento de la mejor manera posible, es decir, reproduciendo uno de los poemas contenidos en su libro.

Porque yo también sé de los olvidos y de las estaciones intermedias. Y porque, sobre todo, aunque soy de natural impulsivo, he aprendido a esperar.

 

Mañana te habrás ido en un tren nocturno
pero ya sé de los olvidos tantas cosas
que nunca temo a las estaciones intermedias.

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21/01/2009 11:10 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 4 comentarios.

6235

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¿Alumbrará el tiempo la pasión o el silencio?

Perenne tristeza que enjuga el olvido.

El cierzo sopla constante acariciando el helecho.

 

Esa sombra oscura,

compañera que vive en tu esencia,

en tu nombre, en tu ser,

hace que el tiempo sea sólo quimera que mido en silencio.

Sin olvidar nunca que hieres con la intensidad del fuego.  

 

Hoy he vuelto a compartir risas y llantos con mi querida Capycua. Ha habido más llantos que risas y sus lágrimas han anegado también mi corazón, que no encontraba palabras de consuelo que paliaran el dolor que la ha quebrado.

 

Porque lo que está por venir es una página en blanco que debemos escribir cada día, porque estoy convencida de que compartiremos más alegrías que tristezas, porque nuestra amistad ha madurado, porque la quiero un montón, porque ella comparte mis secretos, porque cada palabra suya de aliento es un soplo de aire fresco, porque siempre está, porque no merece este sufrimiento, porque podría ser la luz del helecho que permanece en sombras....porque a pesar de su dolor aún ha querido escucharme....

 

Por todo eso, quiero dedicarle este último poema de la serie.

 

Porque el cierzo, que sopla constante, dirá con el tiempo hacia dónde se inclina el helecho.

 

Aguanta, preciosa. Todo llegará. Y será bueno.

 

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15/01/2009 08:09 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 6 comentarios.

6236

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Entre dos puentes, Santa Engracia y Curtidores,

me ha alcanzado tu recuerdo.

Ha llegado hasta los patos, que duermen bajo el helecho.

Me ha rozado tras la higuera,

erguida sin hojas al abrigo de la muralla que la protege del cierzo.

 

Contracorriente, el río ha traído tu nombre,

ahogándome en el recuerdo.

Con la esencia primigenia de la gota que filtra el agua,

senda húmeda y constante,

me ha impedido escapar y ha hecho que fuera a tu encuentro.

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14/01/2009 11:33 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 3 comentarios.

6252

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Yo soy luz y tú helecho.

Gota de rocío que resbala en un lamento.

 

Yo soy cierzo y tú silencio.

Campo de amapolas; gavilla de heno.

 

Yo soy fuego y tú hielo.

Ascua encendida y olvido tierno. 

 

Yo soy luna y tú firmamento.

Relámpago y nube; confín y extremo.

 

Yo soy verano y tú invierno.

Tarde de playa y refugio cierto.

 

Yo soy patria. Tú, un bosque extenso.

Hogar y cobijo; flores y hayedo.

 

Yo soy la ola. Tú, un mar que agita el viento.

Sal y espuma; lágrima y anhelo.

 

Yo soy la roca. Tú eres mi arena.

Ardiente abrigo que sacia el deseo.

 

Yo... soy vida.

Y tú, sólo tú, mi aliento.

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13/01/2009 14:13 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 6 comentarios.

6256

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Cuando vuelvo la vista atrás veo que esta bitácora, que nació como una breve aventura narrativa, va camino de cumplir los dos años de vida. En este tiempo, he escrito fundamentalmente sobre mi vida, acerca de mis deseos, mis frustraciones, mis sueños. He hablado también sobre lo que me gusta o acerca de mi posición sobre determinados temas o situaciones. Y siempre he procurado hacerlo desde el respeto, con la firme intención de no herir a nadie y sólo con el deseo de dar cauce a un impulso vital.

 

En este camino he encontrado nuevos amigos, he recuperado a otros que creía olvidados, y posiblemente habré perdido también alguno porque el tiempo que le dedico al blog lo detraigo del que antes empleaba en otros quehaceres.

 

Lamia, el alter ego que representa la parte más desconocida de mi misma, ha permitido mostrar una cara que no es la que habitualmente ven quienes me rodean. A veces incluso ha mostrado facetas que yo misma desconocía. En este trayecto, para elaborar mis textos me he inspirado en la cotidianeidad de la vida, en quienes me rodean, en las cosas que me ocurren, en noticias, imágenes, historias...

 

Sin embargo, tanto el blog como yo misma hemos evolucionado y eso me ha permitido afrontar retos que hace un año y medio ni siquiera hubiera soñado. He osado escribir sobre cuestiones de las que desconocía casi todo. He opinado, he llorado, he reído, he cantado... Y en ese camino, he utilizado citas, imágenes, canciones, palabras de otros. Retazos de vidas que tomo prestados y que me han inspirado pequeños mundos privados.

 

Este inicio de año, en el que el silencio que buscaba se ha visto apagado en parte por el ruido que han hecho -mucho- quienes me quieren -mucho- y me han arropado estos días, me ha permitido alumbrar una serie de textos que parten de las imágenes que un fotógrafo generoso como pocos me ha prestado para construir historias imaginadas. A partir de las fotografías de M. A. Latorre, que las ha concebido como una serie única en la que la luz y las plantas son las protagonistas absolutas, yo he desarrollado un conjunto de textos que también constituyen una serie: un continuo que nace del bosque, ése que está lleno de hayedos y en el que mi alter ego busca siempre respuestas.

 

Esta es la primera de las piezas de la serie, que vuelvo a traer aquí a pesar de ya la publiqué hace unos días, y que verá su continuidad con otras tres fotografías y sus correspondientes textos. Cada elemento lleva una numeración, que es la que corresponde a la imagen que le acompaña, porque hasta ahora no he sido capaz de encontrar una palabra que permitiera identificar y resumir los textos. Salvo quizás un nombre propio, que podría englobarlos a todos.

 

 

Si alguien dice que te amo...

pregunta cuánto.

Y te diré: un destello.

El espejo de la luz sobre el helecho caduco;

instante de cordura en un sueño inalcanzable.

El recuerdo del suspiro que la ola bosqueja en la arena.

Un copo de nieve fundido en los dedos. Un pedazo de cielo.

El lamento del cierzo enlazado en un árbol.

El vacío que deja el deseo. Un hilo de seda, un puente.

También un silencio.

 

Si alguien dice que te amo...

pregunta cuándo.

Y yo diré: sólo un momento.

El encuentro de miradas fundiendo el abismo que recrea la Nada.

Espejismo de cuerpos desnudos.

Las burbujas de una copa.

Un reloj de arena.

El sol y la luna. El mar y la roca. La arena y el viento.

Un momento en el ruido.

Y también, ¿por qué no?, en todos los silencios.

 

Si alguien dice que te amo...

pregunta hasta cuándo.

Y, en la distancia, diré: mientras llega tu voz.

Hasta el último aliento.

En cada palabra,

en el brillo de los ojos,

en el gesto: en tu desaliento.

El anhelo de tus besos.                                                                                  

Lo que queda en el recuerdo:

ese calor de tu mano acunando el silencio.

 

Si te dicen que te amo... atiende al viento.

Quizás las miradas, el sol, la luna, la arena, el helecho,

el deseo, el recuerdo, un suspiro o un beso....

puedan vencer este silencio.

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12/01/2009 22:49 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 6 comentarios.

De copos de nieve y palabras

He extendido la mano y, entre los dedos, se han deslizado unos copos. Como una caricia, igual que algunas palabras.

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09/01/2009 23:04 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 7 comentarios.

Pregunta

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Si alguien dice que te amo...

pregunta cuánto.

Y te diré: un destello.

El espejo de la luz sobre el helecho caduco;

instante de cordura en un sueño inalcanzable.

El recuerdo del suspiro que la ola bosqueja en la arena.

Un copo de nieve fundido en los dedos. Un pedazo de cielo.

El lamento del cierzo enlazado en un árbol.

El vacío que deja el deseo. Un hilo de seda, un puente.

También un silencio.

 

Si alguien dice que te amo...

pregunta cuándo.

Y yo diré: sólo un momento.

El encuentro de miradas fundiendo el abismo que recrea la Nada.

Espejismo de cuerpos desnudos.

Las burbujas de una copa.

Un reloj de arena.

El sol y la luna. El mar y la roca. La arena y el viento.

Un momento en el ruido.

Y también, ¿por qué no?, en todos los silencios.

 

Si alguien dice que te amo...

pregunta hasta cuándo.

Y, en la distancia, diré: mientras llega tu voz.

Hasta el último aliento.

En cada palabra,

en el brillo de los ojos,

en el gesto: en tu desaliento.

El anhelo de tus besos.                                                                                  

Lo que queda en el recuerdo:

ese calor de tu mano acunando el silencio.

 

Si te dicen que te amo... atiende al viento.

Quizás las miradas, el sol, la luna, la arena, el helecho,

el deseo, el recuerdo, un suspiro o un beso....

puedan vencer este silencio.

 

Foto: M. A. Latorre.

27/12/2008 18:44 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 5 comentarios.

Cigüeñas

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El sol se ha despertado hoy cuando yo ya caminaba por el parque. Mientras lo atravesaba, he sentido el frío en los huesos, el aire de este mes de diciembre que va desgranando los días previos a la Navidad. Y apresurada, por ese camino que me gusta, he levantado los ojos al cielo para encontrar dos cigüeñas que regresaban de su primer vuelo. Amplias, elegantes, las alas extendidas, sobre el edificio de las cúpulas doradas.

La foto, aquí.

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17/12/2008 23:27 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 4 comentarios.

Hielo

En mis paseos por los blogs amigos me siento parásito porque mis palabras nacen de ideas que traigo de un viaje ajeno. A veces encuentro matices que ponen nombre a mis sentimientos. En otras ocasiones es una noticia, una imagen, una foto... Y aunque estoy convencida de que sus razones están alejadas de las mías, no puedo silenciar las palabras que surgen de esos retazos de historias ajenas.  

Este texto lo traigo de la casa de LaMima.

 

Tu ni lo imaginas, pero

si te alejas un momento...

me inunda el hielo.

 

 

Y de él ha surgido este sueño:

 

 

Tu ni te lo imaginas, pero

si te alejas un momento...

me inunda el hielo.

 

Ese manto de escarcha infinita que protege

el corazón desierto...

cubre de nuevo el abrigo que guarda tu nombre

anudado en aljófares.  

 

Rocío permanente que limpia el alba,

celosa de tu ausencia,

permite que el hielo transite en silencios constantes

llenando el espacio.

 

Tu ni te lo imaginas, pero

si te alejas un momento...

me inunda el hielo.

 

Paisajes vacíos, cuencas exánimes,

páramos desolados y antiguos en los que el frío,

intenso, silente,

hace victoria del duelo.

 

Escarcha.

Helada blanca que cubre

un espacio indolente de nadas y ausencias,

de temor, de miedo.

 

Tu, que ni lo imaginas.

cuando te alejas,

 permites que el  hielo adivine el final

y doblegue la lava que aún templa mis venas.

 

Tu ni te lo imaginas, pero

si te alejas un momento...

me hiere el hielo.

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08/12/2008 19:29 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 6 comentarios.

Apagón

Es curioso. Nunca le ha temido a la oscuridad. Ni siquiera cuando era pequeña. En realidad, no es una persona pusilánime. Bueno, si quitamos que tiene vértigo  (y eso consiguió vencerlo este verano subida a los árboles detrás de su hijo en un parque de tirolinas) y le dan miedo los pájaros (contra esto, que es así desde que tiene conciencia, ya no lucha. Simplemente vive con ello). Pero, a parte de eso, normalmente se enfrenta a las situaciones que encierran un cierto peligro con bastante serenidad.

 

Sin embargo, hoy le ha ocurrido algo sorprendente. Bueno, lo ha sido al menos para ella. Y es extraordinario porque jamás ha temido la oscuridad.

 

Hoy, que tenía clase de baile, L. A. ha registrado un apagón. Una ausencia de luz total en una noche, que ponía fin a un trimestre de carreras y pequeños sacrificios para poder llegar a clase cada jueves a las ocho y media. Justo cuando bailaba con J. L.

 

En un grupo en el que la media de edad debe de rondar los 55, J. L. baja bastante ese ratio. Y no sólo eso. Es además uno de los bailarines con los que mejor se desenvuelve en clase. Quizá porque su nivel y el de ella son bastante similares, o quizá porque la hace reír. Y que un hombre consiga arrancarle una sonrisa siempre es un punto a favor del varón, más si llega incluso a la carcajada.

 

Es curioso pero no baila igual con todo el mundo. Hay compañeros de danza con los que desde el primer momento se entiende a la perfección y se adapta a ellos como un guante y otros con los que, desgraciadamente, cada pieza es una batalla constante por defender un terreno en el que no permite que todo el mundo se deslice. J. L. pertenece, sin duda, al primer grupo.

 

Estaban bailando cuando la luz ha desaparecido. Completamente. La sala donde bailan no tiene ni una sola ventana. Está al final del local, con lo cual la luz de la calle no llega. Y, de repente, se ha encontrado en medio de la sala, agarrada a la mano de J. L. como si ella fuera una tabla de salvación. Se ha quedado totalmente paralizada e incapaz de reaccionar o de moverse.

 

El resto de los compañeros ha empezado a buscar los móviles y a tratar de aportar algo de luz al recinto que, os aseguro, para ella ha pasado de ser un lugar de diversión a convertirse en una caverna. Y eso sólo en unos segundos.

 

Y ha seguido allí parada. En medio de la sala. Agarrada a J. L. Sin poder hacer otra cosa que asir su mano. Sin pensar. Sin hablar. No podía. Sentía el terror congelando la sangre de sus venas.

 

Y J. L., que es un gamberro, ha empezado a hacer bromas. Sin soltarle la mano. Y se ha metido con ella. Sin soltarle la mano. Y se ha quedado quieto a su lado. Sin soltarle la mano. Y cuado se ha dado cuenta de hasta qué punto se había paralizado el terror, sin música, si luz, sin ver nada, ha hecho lo único que podía sacarle de esa situación: se ha puesto a bailar.

 

Así contado produce una cierta hilaridad. Una sala llena de gente, ni un solo rayito de luz, y dos destalentados bailando al son de su propio canturreo. Ajenos a todo cuanto ocurría a su alrededor. Así, hasta que ha vuelto la luz. Y entonces, han descubierto que otros hacían lo mismo. Y ha recordado que ya en las cavernas, los hombres, desde los albores de los tiempos, bailaban y cantaban para ahuyentar sus miedos.

 

Y han seguido riéndose porque, sin saber cómo, ambos han recordado las viejas películas de Fred Astaire y Ginger Rogers y han bailado una salsa al ritmo de aquella vieja canción que ambos interpretaban en "Sombrero de Copa" que decía algo así como "Heaven, I´m in heaven"... y terminaba "dancing cheek to cheek". Eso sí, la han tarareado juntos porque seguían sin música y sin profesor... que les había dejado tratando de buscar el origen del problema.

 

 

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05/12/2008 17:07 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 2 comentarios.

Algo más cálido... cuando termina noviembre

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Muchas veces, los amigos esperan de nosotros aquello que no estamos preparados para ofrecer o que quizás ni siquiera sospechamos que precisen. Sin embargo, con los verdaderos amigos llegamos a establecer un vínculo que a veces nos permite detectar ligeras señales que nos hablan de la necesidad de un abrazo, de un beso, de una palabra amable, de un espacio de tiempo para escuchar sus cuitas. O a veces puede ocurrir que necesiten una cierta distancia para elaborar sus historias en soledad.

 

Mi mes de noviembre, que ha estado vestido de oscuro, lleno de hojas caducas y de nieblas, ha sido un mes doliente. Durante este tiempo he preferido el aislamiento y la reflexión. Mis amigos recientes han susurrado acerca de mi ausencia. Mis amigos de siempre han respetado mis silencios. Hay un nuevo amigo con el que hablé por primera vez en el peor día de noviembre. Y otro, tremendamente querido, al que ese día ni siquiera contesté un mensaje de apoyo a pesar de que estuvo.

 

Ahora, finalizado un tiempo que aunque parecía eterno ha pasado en un suspiro, vuelvo los ojos al mundo e intuyo que, cuando mi noviembre termina llevándose momentos tristes, hay amigos que se preparan para afrontar el invierno. Amigos a los a veces no llamo y opto por un mensaje apresurado. Un conjunto de palabras que, a pesar de todos los guiños, no deja de ser un bloque de letras sin matiz a las que es imposible cargar con todo el peso emotivo que arrastran. Y ese amigo que sientes tan cerca responde que esperaba un mensaje más cálido. Y eres consciente de que, una vez más, no has sido capaz de dar vida a las palabras. Quizá por falta de tiempo. A lo mejor porque no era el momento.

 

Siempre lo he dicho: la elocuencia verbal no es uno de mis fuertes. Y la escrita, requiere de tiempo, de esfuerzo, de reflexión y de sentimiento. Por eso, con más calma, quiero compensar unas palabras apresuradas con las que acabo de plasmar, escritas desde el corazón, y compartir además con él este baile narrativo que interpretan el mar y la roca a partir de una fotografía de Miguel Ángel Latorre, con la esperanza de que le recuerden la calidez del verano, que siempre vuelve. Sólo hay que saber esperarlo.  

 

 

Ha vuelto los ojos al mar, que estaba esperando. Sobre el promontorio que se yergue orgulloso, hacia el horizonte, se asoma a la eternidad de sus vaivenes. Y esa oscilación cambiante de cristales transparentes le atrae, como un amante. Un susurro roza su piel y la eriza, mientras la espuma crestea las olas.

 

Ella, de espaldas al embrujo de su voz, resiste. Sin embargo, su nombre, apenas pronunciado, suena como nunca antes. Siente que sea otra. Tan dulce se expresa.

 

Lentamente, desde la roca, gira su rostro. Esperando... Es el mar. Ella permanece. Estática en un promontorio. Unida a él, sin saberlo, en fusión incandescente.

 

Y el mar, cansado de tanto viajar, buscando reposo en la orilla, descubre ese nuevo ser, que surge de la roca con la fuerza de los siglos. Los pies anclados al suelo, que supura junto al agua pedazos de cielo. Y, aún sin quererlo, acaricia la roca sobre la que ella gime. Y el tiempo pasado, largo y comprometido, ha preparado el camino para un encuentro perfecto: mar y tierra, vaivén y murmullo.

 

El mar, que es sabio, eterno, profundo, muestra todas sus caras. Ella prefiere el susurro. Pero atisba la tormenta, cuando el viento agita sus cimientos y, desde el fondo, surge la fuerza eterna que lo consume. Entonces, el agua se arbola. Se enrosca. Salta en cabriolas locas. Avanza pariendo las olas, que surcan espacios prohibidos. Porque el mar, imbatible, también requiere un espacio: sobre el promontorio, frente al horizonte. Y, aunque la fuerza que imprime a las olas sube escarpando el talud, ella está lejos, ausente. La roca, que aísla y protege, la mantiene limpia, al abrigo del mar, tan cálido... Sólo algunas gotas pequeñas, sublimes, surcan su rostro mientras funden con las lágrimas que derrama al ver que el sol se aleja. Astro luminoso que apaga su fuego en olas coléricas, deja sobre el mar reflejos eternos que hablan de retos, de amor, de silencio.

 

Y el mar, imbatible, sigue esperando. Superficie exangüe. La vida se escapa. Las olas ya no suspiran. Sólo permanecen. Descansando. Y la espuma, que en la tormenta forma corrientes furiosas, se funde ahora con el agua,  amalgama constante que duerme.

 

El mar ya no tiene fuerza. ¡Perdió tanto!  Ahora sólo queda el reflejo de lo que fue. Un suspiro. Un anhelo de lo que pudo ser. Porque el encuentro, aún imaginado, fue tan limpio... Caricia soñada: la ola se vierte en la arena con el sabor añejo de una costumbre. Y la playa acepta que llegue, consciente de que la estancia será breve. Aunque, en el fondo, desea que ese baile constante siga para siempre.

02/12/2008 23:23 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 3 comentarios.

Fernando Sarria

Un poema de Fernando Sarría para empezar la semana.

 

Puedo devorarte en un portal,
amarte en un baño de bar
junto a las cajas de cervezas vacías,
dentro de un coche en lo oscuro
o entregados en una cama de motel,
no importa el sitio,
lo único será lo que tendremos…
el uno al otro y el mundo parado.

01/12/2008 18:21 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 2 comentarios.

Silencio

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He descubierto que en la vertiente en la que el sol se pone la aurora llega perezosa. Y más cuando un manto de lluvia humedece la madrugada. En la penumbra, y en medio del silencio que llena la plaza, los pasos perdidos resuenan sobre las piedras con el eco infinito de los muros.

 

Rodeando su perímetro, he franqueado la puerta, tras subir la escalinata que guarda el silencio. Una vez dentro, ese mutismo del que vengo escapando, me golpea con la fuerza de una ola enfurecida. Y el miedo, sujeto hasta ahora bajo siete llaves, aprovecha la sorpresa para instalarse en mi alma.

 

Casi a punto de volver sobre mis pasos, el calor de la Casa del Padre ha plantado batalla al temor que envuelve el espíritu. Y, poco a poco, como siempre ocurre, Él ha ganado la batalla.

 

Despacio vadeando el tiempo silente que rodea los bancos, he elegido uno cerca del lugar en el que los susurros conjuran el arrepentimiento. La luz roja habla de una presencia humana.

 

Aunque he descubierto que en la vertiente en la que el sol se pone hay un lugar para la reflexión, el espíritu está tan agitado que no encuentra el camino hacia a luz y prefiero el encuentro directo. Conversación nueva con un Amigo antiguo, el diálogo surge a trompicones. Con excusas. Y, a medida que el tiempo transcurre y el corazón espera, la paz me llena. Y sin la carga de pesos ajenos y sueños perdidos aprendo de nuevo a dar las gracias. Por lo que hay. Por lo que tengo. Por lo que vendrá.

 

Y después, mucho silencio después, pido valor. Más. Para olvidar que una vez anhelé lo que no era mío. Para saber mantener lo que siempre fui. Para cultivar lo que siempre tuve.

 

Y al levantarme, junto al lugar en el que los susurros generan paz, respiro de nuevo. Y sonrío. Y la luz me llena de nuevo a pesar de que la escalinata tras la que se esconde el silencio está más húmeda, más resbaladiza a causa del sirimiri que cae sin cesar. Sin embargo, desciendo segura, sin miedo. Porque el silencio, que me pareció muy largo, fue bueno.

 

 

 

                                                        

La foto, aquí.                   

30/11/2008 18:43 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 4 comentarios.

Una de citas

En mis paseos por los blogs amigos he encontrado esta cita:

 

"Sólo porque alguien no te ame como tu quieres no significa que no te ame con todo su ser".

27/11/2008 22:56 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 5 comentarios.

Aún noviembre

Noviembre, en silencio,

impone sus reglas.

Y el dolor que trajo el otoño

no cede espacio al invierno.

 

Hay una herida profunda,

que traspasa incluso la niebla más densa.

En la noche, que corre lenta, el alma busca razones que el corazón desprecia.

 

La bruma cubre el espacio.
Y por debajo, pidiendo excusas,

quedan palabras:

escritas, susurradas, ignotas.

 

Sin embargo yo... No tengo nada.

Sólo silencio.

Sólo la niebla, el corazón, el alma.

Y la pregunta.

Incorrecta. Suspendida. Sin respuesta.

18/11/2008 00:12 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 2 comentarios.

Niebla

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La niebla esconde las flores. Todas y cada una de ellas. Las que resisten el otoño y aquellas que, escondidas en los libros, vivieron el calor del verano.

 

La niebla ha llegado esta mañana. Como el velo de una novia, ligero y sutil, sostenido en el viento. Como el vaho que trae la emoción a los ojos. Con su silencio. Polvo de estrellas.

 

La niebla -que transforma paisajes, sonidos y personas desdibujando la memoria- permanece. Aire denso y pesado. Recuerdos antiguos. De otras vidas. Fueron existencias en las que el sudor helado del rocío llegaba cada mañana para quedarse. Y el sol, que no estaba, alentaba pasiones imperfectas. Emociones muertas. Resecas por el viento. Y sólo la niebla, con el poder que el agua instila, despertaba del sopor una piel arrugada, marchita, ahogada.

 

La niebla ha llegado esta mañana y el frío que le acompaña ha herido las hojas de muerte. Batían en lo alto, lastimando pensamientos y emociones. Bañadas en un sudor frío. Su olor, humedad y primavera, recordaba que el invierno está cerca.

 

Pero antes, este noviembre reseco, callado, pesado, certero, resistirá un poco más. A pesar de las flores, de las hojas que reniegan del frío que les impele al letargo. La niebla, que atenúa la luz, oculta todo. Y adormece. La niebla esconde las flores. Todas y cada una de ellas. Y, en silencio, caen. Despacio. Dañadas. Muertas.

12/11/2008 12:31 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 3 comentarios.

Julio Cortázar

"Nada está perdido, si tenemos el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo".

05/11/2008 19:16 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 3 comentarios.

Dentro y fuera

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03/11/2008 08:19 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 5 comentarios.

Llueve

El agua sigue cayendo impenitente sobre Zaragoza. Empezó ayer por la tarde-noche y sigue sin parar. La lluvia y la nostalgia. Porque el otoño entierra sus raíces a medida que se prepara para dar paso al invierno pero la nostalgia que ha traído no cede espacio.

02/11/2008 18:56 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 2 comentarios.

Noches de Tormenta

He ido al cine. Sola. A la primera sesión de la tarde. Como a mí me gusta.

 

La mayoría de la gente que conozco no quiere ir al cine sin compañía. Unos me cuentan que les da corte, otros que les parece aburrido y alguno ha llegado a decirme que el día que no tenga nadie con quien acudir a ver una película significará que está tan solo que ya nada tendrá sentido. En fin.

 

A mí siempre me ha gustado ir al cine sola. No me agrada que quien se sienta a mi lado haga comentarios sobre la película, los actores o tal o cual aspecto del diálogo o del escenario. El cine tiene para mí un misterio al que la masificación de las sesiones vespertinas o el ruido de las palomitas y las bolsas de plástico de las gominotas le quitan parte de su magia.

 

Me encanta sentarme en medio de la sala, sin nadie alrededor. Y reír, llorar, compadecerme, enfadarme o alegrarme yo sola. Sin necesidad de tener que disimular mis emociones ni contenerme. Y esperar a que la película termine. A que pasen los títulos de crédito y la banda sonora haya finalizado. Y levantarme cuando se encienden las luces y en la sala ya no queda casi nadie. Y salir fundiéndome de nuevo con el mundo. Sin embargo, he de reconocer que éste es el único momento que me asusta. No me importa hacer fila en la taquilla, ni pasear haciendo tiempo para que la sesión empiece, ni soportar los miles de anuncios que las distribuidoras proyectan al inicio de cada película. Ni sentarme en medio de la sala mientras las parejas y grupos de amigos buscan acomodo al tiempo que se preguntan qué hará esa tipa ahí y qué clase de persona será para atreverse a ir al cine sin compañía (preguntas que, por otra parte, me hago yo cuando voy con mis amigos alguna vez al cine y veo alguien en esas circunstancias. Sobre todo mujeres. Porque ya se sabe que los hombres han hecho tradicionalmente cosas que las féminas hemos tardado más tiempo en imitar).

 

Nunca me ha gustado interrumpir ese momento mágico que se produce cuando un film termina. La capacidad que tengo para imbuirme en las historias y disfrutarlas hace que necesite de un periodo de transición para volver a la realidad. Y eso, que cuando uno está en su casa se lo puede permitir, no es posible sin embargo en una sala de cine en la que las luces se encienden de repente y tienes al acomodador esperando a que te levantes y pensando si eres una de esas chifladas que no tiene a nadie en el mundo y ha elegido "su" cine para montar el numerito de turno.

 

Pues no, no soy ninguna chiflada (al menos eso creo). Pero hay veces que me cuesta regresar a la realidad y pagaría por tener un ratito más sentada en la butaca, escuchando la banda sonora y realizando esa transición de la ficción a la realidad con mayor reposo.

 

La película que he visto este fin de semana es "Noches de Tormenta", con Richard Gere y Diane Lane como protagonistas. Supongo que a estas alturas del fin de semana no desvelo nada si digo que es un melodrama romántico para el mayor lucimiento del americano.

 

He de confesar que he visto Pretty Woman las dos millones o tres de veces que la han pasado por televisión. En cada una de las cadenas, quiero decir. Me sigue emocionando todavía la escena final con la música de ópera atronando la calle. Y, aunque sólo fuera por eso, habría ido a ver la película. No puedo decir que no me ha gustado y tampoco puedo analizar demasiado para no estropear la película si alguno de los que me leéis decidís ir a verla.

 

No obstante, fui al cine convencida de que vería una bonita historia de amor, con final feliz, que me alegraría la tarde. Porque, tal y como ha he comentado alguna vez, aunque me gusta mucho el cine, cuando pago una entrada lo hago para disfrutar. Las películas de fondo, las que te hacen llorar, las que plantean los grandes dilemas de nuestra existencia las dejo para el videoclub. Porque entonces ya sé de qué van y decido el momento en el que me apetece ver unas u otras. Sin embargo, cuando voy al cine, lo que me gusta es disfrutar, evadirme, no pensar demasiado y encontrar historias con final feliz, insisto.

 

El sábado no fue así. Salí fatal del cine. Me pareció un dramón sin sentido y lo único que pude salvar fue la correspondencia epistolar que los dos protagonistas mantienen en un momento determinado de la película y el hecho de que, con pocas palabras, impulsaran su relación, expresando tantas cosas.

 

Siempre he sentido envidia de esas personas que son capaces de decir más con menos. Quizá sea porque, paliando mi falta de elocuencia verbal, cuando escribo trato de ser tan prolija y detallada a fin de expresar todo lo que quiero contar que construyo textos interminables a los que mi limitada audiencia debe renunciar en el segundo párrafo. Sin embargo, y desde que tengo memoria, ha sido así: tengo dificultades para transmitir mis sentimientos y, sin embargo, en cuanto tengo una hoja de papel y un bolígrafo cerca puedo escribir y escribir y escribir, y analizar y explicar y contar. Puedo llorar con la pluma y también reír. Y me gustaría pensar que también consigo conmover a mis potenciales lectores.

 

Quizá mi estado de ánimo no fuera el mejor para ver este tipo de película. Sin embargo, antes de entrar valoré la posibilidad de que no fuera lo que yo esperaba y, aún así, consideré que tampoco me vendría mal echar unas lagrimillas de esas que salen fácilmente y que relajan el alma.

 

Sin embargo, durante toda la película, a pesar de que tuve el corazón en un puño en varios momentos, no derramé ni una lágrima. Y eso que ambos protagonistas hacen méritos para instarte a ello a lo largo de todo el metraje. Quizá por eso, porque no derramé las que llevaba ni las que esperaba acumular durante su proyección, salí del cine con tan mala sensación.

 

El que pretenda ir a verla puede hacerlo porque el argumento merece la pena y está muy bien rodada. El peso de la interpretación recae mayoritariamente sobre Gere y Lane y ambos están a la altura de lo que se espera de ellos. Pero algunos paisajes, imágenes y situaciones tienen para mí connotaciones excesivamente personales. Quizá por eso experimenté un sentimiento al que, desgraciadamente, he recurrido en demasiadas ocasiones durante los últimos años. Como si de una estatua de sal se tratara, cuando el dolor es demasiado intenso, noto como el hielo se instala de fuera a dentro de mi corazón y lo paraliza y anestesia. Y ese frío se extiende como una marea por el resto de mi cuerpo. Se instala en el estómago, salta a los ojos y en segundos, el frío se ha apoderado de todo.

 

Menos mal que Chopin siempre actúa como un bálsamo y ha vuelto a derretir parte de ese hielo. No todo. Porque si el calor vuelve de nuevo, regresará también el dolor. Y me costó mucho encerrarlo en el Baúl. Es mejor no levantar la tapa. Todavía.

27/10/2008 00:01 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 2 comentarios.

Ausencia

Me duelo de tu ausencia y me pesa tu silencio. Te añoro. Tanto, tanto.... Y me pregunto dónde estás. Porque quizás un bosque te acoge mientras piensas junto a mis hayas.Y eso duele también.

Envidio el musgo que te roza, las hojas que apagan tus pasos, el viento que revuelve tu pelo, las ramas que azotan tus ropas, el sol que acaricia tus rasgos. Te añoro.

Tanto, tanto... Que me rebelo. Y me duelo de tu ausencia. Y me rebelo, siempre, cada día. Y parece que fue hace años cuando nos vimos, lustros cuando hablamos y un tiempo imposible cuando nos rozamos.

Y la lucha continua: vísceras y cerebro. No hay previsto un desenlace para esta batalla porque navego entre ambos bandos. Como un borracho en una noche oscura, voy de un lado a otro sin rumbo ni destino. Siguiendo sólo la estela de tus pasos, la sombra de tu voz.

¿Me buscas en el bosque? ¿Me recuerdas? ¿Luchas también mientras disfrutas la gloria de la conquista? Porque la victoria fue total. Y la rendición también.

Y Lamia sigue esperando, como siempre, en la piedra junto al arroyo, donde la viste por última vez.  

16/10/2008 23:19 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 2 comentarios.

Un sueño

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¿Se puede dedicar un post? Si es así, con la promesa de que algún día confío en escribirle uno mejor, éste se lo dedico al hombre que lleva el corazón en las alas.

 

 

Hoy he soñado.

Es una novedad porque, después de varias semanas de insomnio pertinaz, hoy he soñado. Aunque habitualmente alterno periodos de sueño fácil con temporadas en las que tengo mucha dificultad para dormir, la última quincena ha sido un tiempo de vigilia. Unos días en los que el pensamiento me llevaba hacia conversaciones y acontecimientos que me causaban tal desasosiego que el sueño rehuía mis párpados. A medida que mi cabeza ponía un poco de orden en los sentimientos, el sueño ha ido llegando reservando sin embargo el último y el primer momento de consciencia para el objeto de mis preocupaciones. Sigue aún tan presente que cada mañana, mientras el agua se desliza sobre mi piel, hago un esfuerzo de voluntad. Sólo aspiro a que llegue la noche, un día más. Uno tras otro. Puede que así consiga extirpar esta congoja que me atenaza el corazón y me revuelve el estómago. Y, sin embargo, transito la jornada subida en una montaña rusa: arriba cuando lo siento a mi lado, abajo cuando se aleja. Y procuro que la cumbre sea cada día menos alta y el agujero menos profundo. Pero no evito la feria. Porque, a pesar de todo, me siento viva. Viva después de mucho tiempo.

Y vuelvo al principio. Porque hoy he soñado. No lo hago habitualmente. Y tampoco suelo tener pesadillas (aunque alguien me ha confesado que se las provoco, ¡lo siento!). O si ocurre, no guardo recuerdos de esa evasión onírica que, según los psiquiatras, nos permite afrontar la vida sin enloquecer. Y es que no tengo conciencia de repasar inconscientemente más allá de lo que llena el noventa por ciento de mi tiempo: es decir, mi trabajo. Sin embargo, hoy no he soñado con ello. Aunque algún entendido en interpretación de sueños, que lo habrá, seguro que saca pelos y señales a cuanto pueda contar.

Hoy he soñado que estaba en Pamplona. Dicen que siempre volvemos a los escenarios de nuestra niñez. Paseaba por sus calles con un grupo de gente desconocida, la mayoría mayores que yo, y se supone que estábamos visitando sitios turísticos de la ciudad. En un momento determinado, el guía nos hablaba de unos pasadizos que el ayuntamiento había descubierto y rehabilitado recientemente (supongo que he recuperado de mi memoria algo que me contó mi madre hace poco y es la recuperación por parte del Ayuntamiento de Pamplona de una serie de callejones que habían permanecido años en una situación de desahucio y abandono). En realidad no se trataba de un callejón sino que más bien parecían una especie de túneles similares a esos por los que habitualmente se deslizan los espeleólogos. Yo iba pertrechada con mis inseparables botas de monte azules y me tiraba por el pasadizo decidida, sin temor y, sin embargo, con la convicción de que había un obstáculo que no iba a ser capaz de salvar. Y, efectivamente, los turistas que iban delante de mi pasaban sin problemas por un estrechamiento del túnel mientras que yo no sólo no lo conseguía sino que me quedaba completamente atascada. Y no se trataba de una cuestión de volumen porque los que iban delante de mi eran bastante más voluminosos.

Y ahí me he quedado porque la alarma del despertador ha venido en mi rescate.

Y, recordando el sueño, me he percatado de que no es la primera vez que lo tengo. Porque, aunque he comentado que habitualmente no recuerdo mis sueños, si que es verdad que tengo otro sueño recurrente que siempre aparece en periodos de dificultad en el que me encuentro ante una pared de ladrillos que derribo quitando los cantos uno a uno. Aunque nunca consigo retirarlos todos antes de despertar.

Decía antes que alguien que sepa algo de interpretación de sueños sacaría pelos y señales a esta historia pero, en realidad, no hace falta. Estoy atascada. En varios frentes de mi vida. Y está claro que tengo que empezar a tomar decisiones. El problema es que siento que las cosas no sólo dependen de mi sino que hay terceras personas implicadas y eso complica la solución a los problemas.

En cualquier caso, soñar sienta bien porque en mi caso significa que he conseguido dormir. Aunque mi cabeza vuelva una y otra vez al punto en el que mi corazón sigue anclado.

La foto, que es como un baile de dos sueños que se encuentran, es de M. A. Latorre, de su serie "La otra Expo".

15/10/2008 22:53 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 3 comentarios.

Luna

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Hay luna llena y me recuerda a ti. Llena la noche.

Suspendida, en su capa de gala, espera el alba.

Y se esconde.

En las nubes que, dulces, protegen su rostro.

Esperando la luz que hará que se funda buscando la estela que trae el rocío.

Mientras la contemplo,

apartando los ojos de una claridad tan diáfana,

recuerdo tu voz.

Y espero que suene, una vez más. Sólo para mí.

Como hace la luna. Que me regala el alba.

15/10/2008 08:19 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 4 comentarios.

De blogs, bitácoras y paréntesis

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Mi querido profesor y Alas de Plomo han coincidido estas semanas pasadas en una reflexión relativa al tamaño e influencia de los blogs. Mientras uno se centraba en los blogs nacionales y aragoneses, el otro cruzaba fronteras y reproducía un artículo de Sarah Lacy en el que la periodista norteamericana explicaba que el blogging ha pasado de ser un mero fenómeno de aficionados a convertirse en un nuevo medio de formación de opinión. Del post de Alas de Plomo saco la conclusión de que si él es un blogueñín (como se autodenominaba cariñosamente), yo soy una blogueñinica. De la información que ofrece el artículo de Sarah Lacy deduzco que soy lo que, en una traducción muy libre, podría denominarse blogger por amor al arte. Es decir, aquel que lo hace por el mero gusto de llevarlo a cabo.

 

También he descubierto que lo que yo creía ser un blog ha resultado ser una bitácora. En definitiva porque, aunque lo que me empujó a entrar en la blogosfera fue la necesidad de encontrar una obligación para recuperar el hábito de la escritura creativa, a estas alturas de la película se ha convertido en el medio que me permite expresar mis estados de ánimo, desengaños, aspiraciones, miedos y deseos. Por lo tanto, blanco y en botella: bitácora.

 

En esta bitácora pues he contado vivencias, desengaños, historias reales o imaginadas, aventuras, desventuras... A través de ello seguro que habéis podido inferir algunas de mis actitudes vitales. Sin pretender hacer una declaración de principios, debería haber iniciado mi blog como hace India en una de sus canciones: "Dicen que soy". Aunque no me siento identificada con la letra, porque habla de una mujer completamente opuesta a mi, sí que me ha hecho pensar en el hecho de que todos tenemos una parte de nosotros mismos que nos resulta difícil aceptar porque encarna todo aquello que no nos gusta de nuestra personalidad. Desde hace unos días, y después de haber asegurado "dicen que soy una tía valiente", soy consciente de que no lo soy tanto como creía. Porque está claro que cuando uno hace una afirmación de este tipo debe estar preparado para todo lo que venga después.

 

Y hay cosas para las que, evidentemente, uno no está preparado. Una en este caso, no está preparada. He descubierto que sigo teniendo muchas dificultades para asimilar el rechazo. Debe ser que en esta compleja personalidad, mitad Lamia mitad muchas otras cosas, queda una reminiscencia de aquella época infantil en la que nuestra única aspiración era sentirnos amados. Evidentemente, desde mi más tierna infancia ha llovido mucho y he crecido (física y emocionalmente, es evidente) pero parece que todavía sigo anhelando la aprobación y el cariño de quienes me rodean.

 

Y todo esto me da pie para confesar que los sentimientos son como algunos árboles frutales. De algún hueso que alguien dejó olvidado surge una semilla que, con buen sol y los cuidados necesarios, se desarrolla hasta convertirse en un pequeño esbozo del gran árbol en el que podría llegar a convertirse. Con los sentimientos ocurre lo mismo que con esos pequeños brotes que encontramos en el camino. A veces acontece que viajamos distraídos y no percibimos su presencia pero otras, cuando estamos apunto de pisarlos, bordeamos la vereda para evitar dañarlos. Y si tenemos un poco de tiempo, llegamos incluso a transplantarlos y buscarles un lugar mejor para que se desarrollen.

 

Esas plantas son como los sentimientos también. A veces surgen en el lugar más inapropiado: un terreno estéril sin los nutrientes necesarios para desarrollarse; entre un matorral de espinos, que la ahogarán antes de que se desarrollo; o incluso en un terreno abrupto en el que sabemos que será muy difícil que salga adelante. Pero, aún así, nos empeñamos en que prospere.

 

Y, por encima de todo, los sentimientos son como las plantas porque nadie en su sano juicio las arranca por gusto. Aún a sabiendas de que tendrán un futuro difícil. Sin embargo, prefieren que no salga el sol, que no llueva, que la sombra se proyecte sobre ella para que la planta poco a poco se marchite, sin dolor.

 

Sin embargo, la raíz de ese tallo, que no se ve, que está oculta, se agarrará con fuerza a los estratos de la tierra buscando sustento para la planta, aquello que le permita aguantar la llegada de tiempos mejores.

 

Por eso, los sentimientos son como las plantas: es difícil acabar con ellos. Aún en el mejor de los casos; que es cuando de verdad queremos hacerlo.

 

Y termino diciendo, que aunque me considero con la libertad suficiente para escribir de todo aquello que me ocurre y me preocupa, creo que ya he cargado bastante al personal con mis historias. Voy por ello a tratar de hacer un paréntesis y alejarme lo suficiente como para conseguir que la raíz permanezca hivernando, sin molestar demasiado, esperando que el que conoce el secreto de las flores decida algún día volver a regarla. Quién sabe: quizá la planta vuelva a crecer o haya muerto definitivamente. Sin embargo, ese pequeño esqueje ha conocido un sol que ha brillado como nunca.

Por ello.... Gracias. Muchas gracias.

09/10/2008 18:11 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 5 comentarios.

No soy agua

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No soy agua.

No soy tierra.

Sólo aire que recorre un desierto.

Espacio en blanco de agua en cascada.

Nube gris que esconde la luz.

No estoy... ni soy.

Burbuja resuelta en un manto de agua.

Me esconde en un hueco,

lo deja tu estela.

Y espero. No soy.

Gotas amargas... tampoco son de agua,

cruzan el aire,

duro y triste.

No soy.

Ni estoy.

 

La foto es de M. Á. Latorre, de su serie "La otra Expo"

07/10/2008 14:10 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 9 comentarios.

La palabra

Esto sí que es un pedazo de poema... y no esos divertimentos sentimentales que escribo yo...

03/10/2008 12:11 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 4 comentarios.

Un paso atrás

Doy un paso atrás para, a partir de ahí, volver a caminar.

01/10/2008 14:17 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 4 comentarios.

Azul sobre blanco

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¿Cuántas palabras quemamos en unas horas?

Recorrimos el sendero tan deprisa

que mi alma, desnuda y velada por el duelo,

se resiente ante el silencio.

No aprecié los matojos del camino

y me hirieron,

ligeros rasguños que supuran amalgama de sueños y anhelos.

 

Y aún queda la vergüenza.

Nuda mi conciencia ante ti, he visto los deseos.

Y entre tanta palabra, blanca y honesta,

me he sentido frágil.

¿Cuántas quedaron en el tintero?

Me resisto a olvidarlas.

Cada letra, tesoro vertido en un mar de expresiones,

se hace laberinto rizado e insondable.

Y me envuelve. Y me escondo.

 

Durante un tiempo, ese dédalo impenetrable de ideas

me guiará hacia otro piélago de emociones.

Azul sobre blanco.

Porque sólo en ellas encuentro consuelo.

Linaje extenso de términos que me arropan mientras los vierto:

azul sobre blanco.

 

Y unidos, palabras, expresiones, términos y letras,

recrean un paisaje familiar en el que descanso

mientras mis rasguños sanan.

Azul sobre blanco.

 

Pero seguirás ahí.

Escuchándolas cuando me acunan.

Esperando. Aguardando.

Apoyándose en ellas renacerá una amiga.

La que siempre fue. La que no se ha ido.

Porque siempre estuvo.

Porque así ha ocurrido.

Quizá sólo, por un momento,

estuvo soñando con un fondo azul.

Azul sobre blanco.

 

 

La foto es de M. Á. Latorre, de la serie "La otra Expo". La instantánea corresponde a la escultura "El Alma del Ebro"

01/10/2008 08:35 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 11 comentarios.

Lamia y Humano (II)

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El otoño está cayendo sobre el hayedo. Se nota en el rocío que cada mañana resbala por las hojas, en la niebla que al atardecer baja de las cumbres para cubrir el manto de musgo y hojas que protege la tierra roja. Se deja sentir en el silencio, extraño y denso, que se desliza evanescente entre las hayas. Se aprecia en los animales, que se esconden. Se nota en el sopor que se adueña de la naturaleza, aletargándola, retrasando sus procesos.

 

Lamia recorre el hayedo arrastrando sus pies entre la hojarasca, empujando sin querer pequeñas piedras que entorpecen su camino. Ella respira el aire denso, perlado de niebla. Despacio, como las estaciones, se dirige al claro que protege sus secretos. En él, un haya centenaria extendió una vez sus raíces, levantando la tierra, impregnando con su huella un claro que ahora Lamia reclama para sí y sobre el que, hace ya mucho tiempo, el rayo furioso de una tormenta vespertina descargó arrancando la estatua orgullosa bajo cuya sombra Lamia tantas veces se había cobijado. Y allí donde una vez estuvo el árbol majestuoso, sólo quedaron troncos renegridos, hojas chamuscadas, trozos de musgo arrancados de las piedras circundantes, a las que la fuerza de la luz y el trueno expulsaron tan lejos.

 

Durante muchas estaciones, demasiadas, Lamia arrastró los troncos, despojó el subsuelo de los restos de raíces que se agarraban a la tierra con una fuerza impropia de un desecho. Con las piedras dibujó un círculo que el musgo pronto cubrió con su manto reforzando así el refugio que Lamia había preparado. Y entre su arroyo y el claro, este ser hecho de bosque no se dio cuenta de que una nueva primavera había traído el sol y los hayucos de las sombras circundantes, caídos y preñados en el suelo, empezaban a dar su fruto en forma de pequeños esquejes.

 

Cada estación, Lamia dejaba el abrigo de su arroyo y trabajaba incansable en la limpieza del claro. Y, con cada primavera, llevaba un nuevo hayuco, pequeño y arrugado, que enterraba con esmero el centro del círculo. Allí permanecía horas, días enteros, peinando sus largos cabellos con el peine de hueso. Esperando y suspirando. Y cada vez, Lamia derramaba una nueva lágrima sobre aquellos pequeños frutos que no hacía florecer.

 

Los suspiros de Lamia atrajeron sin duda a Humano, que cruzaba el bosque cada día. El ser etéreo intuía su presencia y, sujetando su espíritu, se refugiaba en el arroyo esperando que el sonido del agua que rasgaba las rocas del cauce amortiguara su respiración, entrecortada y anhelante. Y aguardaba a que Humano emprendiera la marcha para acercarse de nuevo al claro y comprobar si albergaba una nueva criatura arbórea sobre la que volcar sus desvelos.

 

Lamia y Humano coincidían en el bosque. Ambos escuchaban, atrapaban los jirones de olores antiguos que permanecían colgados en las ramas más altas, las que mejor guardan los secretos. Sin embargo, Lamia evitaba los caminos que él surcaba y Humano, sin quererlo, rodeaba espacios ocultos en los que el hada del bosque escondía sus hayucos a la espera de poder trasladarlos al claro.

 

Pero en la estación del viento, Humano descubrió el secreto de las flores y, suave -como susurra el viento entre las grietas altas de las cumbres-, recogió el hayuco, lo mimó y lo preparó. No reparó en tiempo ni esfuerzos. Le dedicó lo mejor de si, su parte más tierna. Y el hayuco, primero en un sombrío protegido, empezó a crecer. Al principio muy despacio, como si tuviera miedo de cada pequeño avance. Más tarde, cuando el sol consiguió atravesar las ramas más altas y robustas, sus rayos acariciaron el hayuco calentando sus raíces e impulsando un crecimiento constante y sostenido.

 

Cuando Humano reparó en que el pequeño hayuco se había transformado en un esqueje endeble y lastimoso, lo recogió y, adentrándose en el bosque, recorrió caminos y veredas hasta que dio con un claro en el que el sol vertía sus caricias durante casi todo el día. Humano se sintió cómodo en el claro. Era un círculo casi perfecto. No reparó en el muro que lo protegía: el musgo había creado un cómodo repecho en el que descansó de su caminata. Tampoco apreció el desnivel que delataba la huella de un árbol viejo, espacio sobre el que Lamia había vertido sus lágrimas una y otra vez en un vano intento por alumbrar un árbol nuevo, fuerte y consistente, bajo el que volver a peinar sus cabellos en las largas tardes que ofrece el verano.

 

Humano descubrió un espacio fértil en el que, conocedor como era del secreto de las flores, plantó el hayuco con la esperanza de que allí obtendría lo necesario para garantizar su crecimiento y permanencia. Y Humano recorrió de nuevo el bosque de Lamia, atravesando arroyos y colinas, caminos y veredas, en una senda que resultó ser más larga y árida de lo que había percibido cuando transportó el pequeño brote.

 

En su camino de vuelta, Humano atisbó de nuevo la presencia de Lamia. El perfume de las hojas que trenzaban sus cabellos se asía a su vestimenta en un baile mágico de sensaciones. Sin embargo, aquél que conocía el secreto de las flores, no era capaz de de entrever a Lamia que, atrapada en su arroyo, esperaba su marcha para acudir al claro.

 

En el centro, tierno y tímido a la vez, el brote de una nueva haya desafiaba la sombra de las grandes reinas del bosque, que velaban por el nuevo ser que enterraba sus raíces en el suelo angosto y duro que un día se vio devastado por la furia de la tormenta.

 

Y Lamia volvió a verter sus lágrimas. Las gotas que acariciaban el hayuco destilaban la alegría que sentía por el nuevo esqueje, que había arraigado. Porque, aunque siempre sería de Humano, sólo gracias a sus desvelos había encontrado el acomodo perfecto para crecer y desarrollarse.

 

Y Lamia volvió a verter lágrimas de alegría porque, algún día, también ella conseguiría al fin hacerse con el secreto de las flores y lograría un esqueje que hiciera compañía al de Humano.

 

Sin embargo, aún tendrá que pasar un tiempo para que el paso de Humano por su arroyo no la impela a correr con el fin de comprobar si el que conoce el secreto de las flores vuelve a cobijarse bajo la sombra de su haya.

30/09/2008 10:47 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 5 comentarios.

El secreto de las flores

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Como decía, nuestros actos y palabras siempre tienen consecuencias. Necesito unos días para recuperarme de ellas. Vuelvo pronto.

25/09/2008 18:10 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 8 comentarios.

Fernando Sarria

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He tomado prestado este bello poema de Fernando Sarria, porque hoy me siento así (la lluvia... debe ser). Y la foto, un regalo de M. A. Latorre.

 

Rodéame en silencio,
con tus manos abiertas
y ese dolor ronco.
Deja al tiempo la espesura
y trae la tibia luz del amanecer
junto a la cama.
Ahora somos únicos,
naturaleza en el encuentro,
poco más o menos
dos soledades buscando la palabra.

 

 

22/09/2008 17:43 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 2 comentarios.

Sentimiento

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Los sentimientos son como el chirimiri. No eres consciente de que cae. Sin embargo, el agua, suave y continua, poco a poco va calando. Pasado un tiempo, a veces más a veces menos, todo tu ser se ha empapado. Y ya no hay remedio.

 

La foto es de M. A. Latorre.

19/09/2008 21:42 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 4 comentarios.

Hoy no me has llamado

 

 

 

 Cuando escribía, escuchaba el Nocturno número 8 de Chopin.

Hoy no me has llamado, ni me has escrito.

Pero esta mañana de sueños vacíos

estabas conmigo.

 

No me has llamado ni me has escrito

pero te esperaba.

Como cada día.

Sentada en el río, junto al haya centenaria,

donde el musgo crece,

en el lado norte, la cara vuelta buscando tu abrigo.

 

Hoy no me has llamado, ni me has escrito.

La piel perfumada y el alma en un puño

por si llegabas,

por si recordabas que espero tu beso:

el que no nos dimos.

 

Sentada en la roca,

melancólica espera en días perdidos.

jornadas eternas si al final no llamas,

si no me has escrito.

 

Cuántas veces temo que vengas a verme,

cuando no me llamas, cuando no me escribes.

Las manos temblando, el alma en un puño.

 

Porque temo siempre,

que si no me llamas, que si no me escribes,

recuerdes un día que casi lo hicimos:

casi nos amamos,

momentos inciertos en los que,

a pesar de todo,

casi nos quisimos.

 

Hoy no me has llamado, ni me has escrito.

Sin embargo,

ahora,

sueño contigo.

05/09/2008 21:24 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 9 comentarios.

Se acabó

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Todo principio tiene un final. Y tan verdad como que al día le sigue la noche, la tormenta más terrible siempre da paso a la calma. Todo esto para terminar diciendo que la rutina está apunto de imponerse a un verano raro en el que he exprimido el tiempo y las emociones al máximo.

 

Los últimos estíos han sido periodos de alternancia de ausencias y presencias. En la compañía encontraba el placer de su inocencia, de su capacidad para hacerme sonreír, el confort de sus abrazos. En la ausencia, dolosa y triste, esperaba, esperaba, y esperaba su vuelta.

 

Este verano ha salido el sol. Las ausencias han sido alegres porque han dejado espacio a mis aficiones, a mis amigos, a mis libros, a mi música. Y las presencias, más espaciadas, han sido felices, entretenidas, en la montaña....

 

Durante los últimos dos meses he vivido inmersa en una bola de cristal en la que cada día ha brillado el sol, la música tenía notas latinas y el tiempo parecía estirarse a voluntad. Como esos juguetes musicales a los que les das la vuelta para que nieve o brille a tu antojo, así he manejado el tiempo.

 

Esa nube negra que habitualmente proyecta sombra sobre mi bola ha estado más lejos que nunca. No la he sentido. Y si alguna vez aparecía, he soplado y soplado y soplado -como hacía el lobo en el cuento de Los Tres Cerditos- hasta que se alejaba sin mojarme siquiera el cabello.

 

Cuando la rutina se impone y mi tiempo ya no es mío, he notado algunos golpes en mi esfera de cristal, como si un martillo golpeara sin ton ni son para encontrar después un punto de apoyo y ensañarse. Pequeñas grietas se han ido extendiendo por la superficie, que no ha llegado a romperse. Porque mi bola es fuerte, consistente. Y, como las grandes obras de arquitectura, por fin parece haber encontrado el punto de tensión máxima que permite mantener la cúpula intacta sobre cuatro o cinco puntos de apoyo.

 

Aunque el martillo seguirá golpeando porque no sabe hacer otra cosa, el cristal, frágil y quebradizo, ha sido reforzado a fuego. Y, con el tiempo, esa bóveda transparente va a convertirse en una ventana al mar desde la que iniciar un nuevo viaje.

03/09/2008 18:44 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 6 comentarios.

Belinda

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Con esta flor que me ha regalado Malatorre a mi vuelta de Pamplona, he divagado este poco....

 

 

Belinda es como ese pequeño ramillete de flores amarillas, llenas de pequeñas hojas que protegen un corazón rotundo y fuerte. Un impulso que late constante pero discreto.

Belinda se apoya en la pared y, protegida por los muros, observa mientras la música se desgrana por la sala. Como las olas que baten la orilla impulsadas por una fuerza suprema, su cuerpo se balancea: suavemente al principio, casi tímida.

Hoy ha venido Gustavo. Bailan juntos. Y a medida que sus cuerpos se rozan y balancean, Belinda se muestra. Una flor que despliega sus pétalos tratando de conquistar al sol. Porque el astro, con sus rayos, le otorga vida y renueva su cuerpo. Así, mientras gira, descubre la perfección de sus cuerpos acoplándose, deslizándose en una misma dirección. Mientras bailan, Belinda sueña despierta. Después, se convierte de nuevo en esa pequeña flor. Pétalos que a duras penas esconden el brote exuberante que por un breve instante ha soñado ser.

 

 

17/07/2008 19:25 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 8 comentarios.

Más lágrimas

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He despertado esta noche, cuando el silencio sonaba profundo, y he recordado tus ojos evitando mi alma.

Turbado ante el infinito, no guardas recuerdos de almohada.

Porque no los hubo.

Sin embargo, un velo doloso esconde tu cara mientras nuestros ojos bailan.

Y las lágrimas, esencia en cascadas derramada,

brotan desde mis entrañas

añorando lo que nunca fue,

supurando, sin recato,

derramándose en racimos de gotas sincopadas.

Y la foto, maravillosa, es de Miguel Ángel Latorre.

01/07/2008 18:56 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 13 comentarios.

Alter Ego

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He visto a Lamia suspirando junto al arroyo. La luz, que se filtra por entre los árboles, se refleja en los cabellos que ella peina una y otra vez con la mirada perdida en el vacío. La humedad se derrama en lágrimas sobre el hayedo.

Su alter ego sigue sin tiempo. No hay momentos para la reflexión. Porque pensar induce a la lucha.... y está derrotada.

27/05/2008 16:20 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 6 comentarios.

Escapémonos

Ecapémonos tan lejos de aquí
Distantes de todo
En la oscuridad donde no haya más
Que ver en tus ojos

Escondámonos de la multitud
Del absurdo día a día
Donde todas esas cosas que perturben
No estén más en nuestras vidas, en
nuestras vidas

Para que estemos solos amor
En un día sin fin
Sin preocuparnos más
Del que podrán decir
Donde durmamos abrazados
Y si entonces nos sorprende el amanecer
Saber que estás ahí
Que estamos solos

Escapémonos por necesidad
Nos debemos tanto
Si el amor está, no hay porqué esperar
El dónde o el cuándo

Escondámonos de la multitud
Del absurdo día a día
Donde todas esas cosas que perturben
No estén más en nuestras vidas,
en nuestras vidas

Para que estemos solos amor
Y el universo se nos quede en un abrazo
Donde se esfumen esas dudas
Y esos miedos que nos quedan del pasado

Para que estemos solos amor
Es un día sin fin
Sin preocupaciones más
Del que podrán decir


11/04/2008 15:03 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 8 comentarios.

Gorda

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Hola, me llamo I. y "soy gorda". Esto, que es casi una declaración de principios, podría recordar a cualquier reunión de alcohólicos anónimos o de ex drogadictos.

A mí me ha costado mucho tiempo darme cuenta de que la comida constituye para mi una adicción igual que puede llegar a serlo el tabaco, las drogas o el sexo para otros. Posiblemente me doy a la comida porque no me puedo dar a ninguna de las otras tres opciones. El tabaco lo dejé hace muchos años (casi al mismo tiempo que dejé de morderme las uñas), nunca he probado las drogas y siempre he sido bastante "antigua" en el tema del sexo (cuando digo "antigua" léase fiel, comprometida, respetuosa....).

Desde la perspectiva que me da la madurez, soy consciente de mis defectos y debilidades. A pesar de una fuerza de voluntad férrea para desempeñar mi profesión y atender a mis deberes más inmediatos, la fragilidad e inseguridad que acompañan mi vida se cuelan por pequeñas grietas que el blindaje que he llegado a establecer se ha olvidado de cerrar. Por ellas se escapan las dudas en la educación de mi hijo. Por esas rendijas se deslizan mis inseguridades laborales. También por esos huecos pasan mis deseos más ocultos... que tienen que ver con palabras que empiezan por mayúscula: Amor, Familia, Amistad, Lealtad...

Desde que tengo memoria, todos mis retos han terminado con una comilona. Al igual que ha ocurrido con mis fracasos. Cuando estudiaba en la Facultad mis semanas de exámenes se saldaban con cuatro o cinco kilos de más porque sólo la comida era capaz de calmar la ansiedad con la que afrontaba las pruebas. Al recibir las notas, celebraba comiendo mis excelentes resultados. Comiendo olvidaba mis primeros fracasos amorosos y ahogándome en comida solucionaba mis dudas e inquietudes.

Con el paso del tiempo, y después de ver cómo mi cuerpo ha ido cambiando a lo largo de los años, me he dado cuenta de que yo no "parecía" gorda. Yo sólo "era" gorda en mi mente. De tal forma me empeñé en serlo que finalmente lo conseguí.

Mi gran fracaso vital se saldó con un aumento de veinte kilos, que consiguió situarme por fin entre las féminas de "talla grande", con los problemas que ello conlleva. Durante siete años he tenido problemas para encontrar ropa de mi talla, para -una vez adquirida- no verme bien con lo que conseguía ponerme.

Desde ese profundo pozo en el que he vivido una larga temporada, finalmente recordé esa fuerza que desde siempre me acompaña y, paso a paso, escalé las paredes hasta casi llegar al brocal. Desde ahí, sentada a horcajadas, contemplo en este momento lo que me rodea. Todavía sufro riesgo de caídas. Algunos días, aunque me agarro con fuerza a los bordes, noto como resbalo y vuelvo a atisbar la negrura del fondo. Sin embargo, trato de que esa fuerza que me acompaña prevalezca al canto de sirena que me confunde y me lleva hacia otros mundos.

Hola. Me llamo I. y "sigo siendo" gorda.

 

01/04/2008 12:50 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 17 comentarios.

La Carta

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Se escucha el viento. Sopla moviendo las hojas de los árboles al tiempo que la pluma rasguea el papel en trazos dudosos. Las manchas de tinta sobre la hoja blanca son como borrones inciertos de nubes tempranas. Recta la espalda, el brazo doblado. La cabeza reposa a un lado tratando de encontrar el camino adecuado. Entre el corazón y la palabra. No obstante, la senda que une ambos mundos es ardua, no exenta de errores. Y en los márgenes acechan pensamientos traidores a la espera de un desliz. Un resbalón inesperado que permita a la palabra verbalizar ideas inconexas que prostituyen la realidad del corazón.

Mientras el viento agita el paisaje, el alma se debate por llegar a la palabra. Pero la hoja sigue blanca. La savia que fluye a través de la pluma no dota de vida a un papel que permanece exangüe y agotado. El corazón bombea: sentimientos, deseos, esperanzas, anhelos. La palabra atisba imágenes de todo ello más no contribuye a ponerles un nombre. Por eso, una carta sigue sin ser escrita.

Ella se sienta cada tarde. Contempla las flores del alfeizar mientras atisba el susurro que producen las hojas en una caricia leve, temerosa, de la que espera que aprendan el corazón y la palabra. Sin embargo, cuando cada tarde coge el papel y prepara la pluma, la senda que une ambos mundos se llena de obstáculos que impiden el paso de ideas y las llenan de broza y añaden cargas inútiles en un viaje demasiado largo y cuando al final un sentimiento llega al papel ha cambiado tanto que el corazón no lo reconoce. Sin embargo, la palabra lo hace suyo, lo asume y traslada.

Cuando la carta llega a su destinatario, las palabras han manipulado el corazón y todo se ha vuelto una gran mentira.

(Como sigo sin saber insertar la música en la página, los que queráis podéis pinchar en este enlace y escuchar lo que yo quiero transmitir)

La foto es de F. González

17/03/2008 20:29 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 8 comentarios.

Poema

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Para él, pues aún ignorándolo, ha calentado mi corazón devolviéndole la vida.

La foto es de Miguel Ángel Latorre y el poema, que traigo desde el blog de Le Mosquito , es de Nizar Kabbani, traducido por María Luisa Prieto.

 

Cada vez que viajo en tus ojos

siento que monto en una alfombra roja,

me eleva una nube rosa

luego otra violeta

y giro en tus ojos, amor mío,

giro, como la tierra.

12/02/2008 10:18 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 14 comentarios.

Tarde de domingo

Tarde de domingo. Un Nocturno de Chopin. Tristeza y melancolía.

El cielo ha nacido azul pero hoy todo parece cubierto de un vaho de niebla y sombra.

Incluso el agua del río que recorre la ciudad se asemeja al mercurio gris.

Un vaho de luz opaca esconde hoy la alegría. Me ahogo en mi soledad.

Soñaba anoche que encontraba una nueva luz, un faro que el sol anula porque resulta ser espejismo.

Pena de domingo. Tarde de Chopint. Nocturno... "Melancolía".

10/02/2008 17:25 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 6 comentarios.

Lamia y Humano

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La nostalgia que ha sacado a Lamia de su letargo esta mañana discurre pareja al arroyo junto al que peina sus largos cabellos. Con cada pasada, el peine de hueso que acaricia su melena deshace las hebras en dulces cascadas de seda. El rumor del agua, que acompasa sus movimientos, se desliza entre las hojas haciéndose hueco a través de los cúmulos verdes de musgo aferrados a la roca.

 

Lamia inclina su cabeza tratando de captar el lejano murmullo de las hojas más altas de las hayas que guardan sus secretos. Las esquirlas de aire que traspasan los haces de luz hablan de una historia que aún está por llegar. El bosque entero, en complicidad con el viento, desvía los rumores creando en torno a Lamia una corriente circular preservándola del resto.

 

Pero Lamia espera a su Humano. En los lejanos años de su despertar, Mary le habló de un futuro incierto, poblado de seres ajenos a su naturaleza. Un lugar en el que todo le resultaría extraño y para el que volvería a nacer a través del amor.

 

Mientras Lamia deja el peine sobre la roca y juguetea con sus dedos en la espuma que el agua crea al pasar sobre las hojas, éstas palidecen tras su paso, en simbiosis con la roca, sirviendo de lecho al arroyo que discurre en un viaje hacia otro mundo.

 

Poco a poco el aire cambia permitiendo que el viento susurre en su oído ecos lejanos. Un rumor de pasos temerosos que se adentran en la espesura viene a mezclarse con un suspiro hondo y profundo. Lamia alza sus ojos hacia esa estela de olor desconocido que penetra la espesura como un dardo que busca su diana. Tan cerca y tan intenso que Lamia estira sus dedos, tratando de asir lo imposible. Tan cerca que la luz que le precede casi la ciega. Pero Lamia, junto al río, vuelve a peinar sus cabellos.

 

La foto, que me ha inspirado (y mucho), es de Miguel Ángel Latorre

28/01/2008 18:19 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 11 comentarios.

Cha, cha, cha

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Hemos vuelto a bailar. Tu piel contra la mía.

Equilibrio de fuerzas contrarias.

Combate de euforia y miedo, materia y espíritu.

Desencuentro melódico en un dos por cuatro.

Mientras mi alma te anhela,

en esta búsqueda longeva de pasos desiguales,

mi cuerpo, ajeno al roce exacto de cuerpos y deseos.

Cha, cha, cha: chapoteo ligero.

Mi mente aletea asustada: siento tu piel contra la mía.

Ojos ajenos espían nuestras miradas.

Tu aliento resuena sobre las gotas de sudor resbalando en mi espalda.

Envidia de este baile que marcamos enredados en un sinfín de abrazos y caricias.

¡Lástima de baile! ¡Qué pena de miedo!

Miedo a sentir: tu piel contra la mía.

16/01/2008 19:05 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 6 comentarios.

Soledad

Soledad. Amante ingrata.

Te busco y no estás.

Si te rechazo, me ahogas.

Soledad. Cruel. Ingrata.

03/12/2007 14:52 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 4 comentarios.

Rozando su cara

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Suave y aterciopelada, duna en invierno,

la piel de tu rostro resbala en mi mano.

Acción desmedida.

La niebla ha extendido su manto de nubes

sobre mi almohada,

gotas de escarcha en lágrimas rotas perlaban tu cara.

Caricia indiscreta en un pómulo suave.

No te gusta. Empeño imposible,

Hollaré la arena y construiré montañas a partir de nada.

24/10/2007 11:20 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 9 comentarios.

Tu mano... en mi espalda

Amor ¿puede ser? No lo sé.

Quizás mañana.

Despierto y estás ausente,

me evado en misterios de luna.

Busco una esperanza.

De día recuerdo promesas calladas.

Al atardecer, cuando el sol se acaba,

tu piel, cuero fibroso, protege mi alma.

Tu brazo en mi espalda; cinturas... opuestas.

Pasos que doy, mi mano en tu rostro.

Mirada profunda.

Fluido de vida que derrama savia.

Camino de nuevo en el alba encendida.

aunque esa luz que atisbo,

soplo victorioso,

me resulta extraña.

Tu mano me enlaza y, haciendo un requiebro,

exhausta abandono el camino de hielo, perlado de escarcha.

En el resplandor de esta madruga,

cuando el rocío lava excesos de almohada,

tu mano en mi espalda calienta mi alma.

07/08/2007 10:14 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 7 comentarios.

Olas

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(Faltan ocho días. Después, ésta es la imagen que impregnará mi retina)

 

Arena limpia y brillante. Mar de sal.

Esperanza.

Las olas crecen, se multiplican.

Sobre la playa.

En una avalancha de agua.

Avanza y retrocede. Asustada.

La cresta de espuma mantiene la calma.

Más cuando el sustento reposa en la tierra,

jugo salobre se extiende con calma.

Acaricia mi piel. Crece y se aplana.

Espuma de noche que roza mi Ser.

Mar de esperanza.

31/07/2007 12:43 Autor: Lamia. #. Tema: Ensoñaciones Hay 12 comentarios.


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