Blogia

lamia

Meme bloguero

Diegos de Rivas ha colocado un meme en su blog para que el que lo desee pueda seguir contestándolo.
La verdad es que, como ando escribiendo una cosa que aún tardaré unos días en traer a la web, me apetecía meterme en estos asuntos. Así que voy a ello.

 

¿Cuanto tiempo llevas blogueando?

La verdad es que no lo recuerdo. Pero seguro que es menos de un año. Sólo sé que empezó como una curiosidad, a través de los blogs de Chema y Luisa y, poco a poco, se convirtió en una necesidad. Ya no me bastaba con dejar trocitos de letras en otros blogs sino que me apetecía tener un espacio para mi sola, que, además, en un momento en el que andaba un poco vagoneta, me obligaría a escribir por placer y no por obligación. Y así nació Lamia. Un poco a partir de los mundos fantásticos de Chema y buscando en mis orígenes y mejores recuerdos.

Pensar digitalmente

La verdad es que me sigue resultado un poco complicado esto de pensar digitalmente. Sigo escribiendo mis post en momentos de ocio y luego los subo a la red. Además, he de confesar que, en esto de lo digital, soy un auténtico zote (o sea, un desastre). Aún no sé cómo soy capaz de subir los posts y conseguir que se mantengan ahí.

Número de blogs que sigo a diario o con mucha frecuencia

La verdad es que, aunque me gustaría, no todos los días puedo leer los blogs que me gustan. Tengo temporadas. Hay semanas en las que no visito nada ni a nadie y otras en las que cada mañana y cada tarde me premio con un paseito por los blogs amigos.

Entre mis favoritos, por supuesto, los de Luisa y Chema. Por proximidad llegué al de Fernando Sarria , que me ayudar a recordar que el amor es posible. Visito al Jubilado con mucho cariño porque fue él quien hizo el primer comentario en mi blog. Me gusta mucho el blog de LaMima porque, aunque sólo sea tangencialmente, vivo algunas de sus experiencias. Están también Nerim , Paula y Chesús . Leo también a Sofía , que me da mucha envidia porque inventa mundos cada día y lo hace muy bien. Y Carlos , que me ilustra a menudo sobre los intríngulis de los aviones y se acordó de mi estas navidades regalándome una participación de Navidad. Gracias, Carlos. Y Diego de Rivas, con quien adivino que comparto creencias y valores.

A algunos otros los veo de vez en cuando, me paseo por las cercanías de su hogar aunque todavía no he tenido tiempo de visitarlos con calma. Pero todo llegará.

¿Con qué cinco blogueros te irías de borrachera?

Nunca me he emborrachado. He llegado a la conclusión de que las lamias metabolizamos fatal el alcohol. Prefiero una sobremesa calmada, con un largo gin tonic preñado de limón. Y me encantaría sentarme un rato con Chema, Luisa y Miguel Ángel, con los que siempre me cruzo deprisa, comparto risas a escondidas y me ayudan tanto, tanto que ellos ni se imaginan. Y, claro, estaría bien que el resto fuera llegando poco a poco, con tiempo para incorporarlo al grupo. Porque las lamias, o por lo menos esta Lamia, aunque no lo parece a veces, somos muy tímidas y nos cuesta mucho compartir nuestro arroyo con los humanos. Sin embargo, cuando nos hacemos a un lado para dejar un sitio en la roca sobre la que nos sentamos, ese lugar estará siempre libre por si el amigo quiere volver a sentarse.

¿Con qué tres blogueros pasarías una noche de locura sexual?

Ummmmm....... En estos momentos estoy pensando en alguien que no es bloguero. Lo cual ya es un avance porque hacía mucho tiempo que ni siquiera veía a los humanos que me rodeaban. Pero, ahora que me he despertado, me temo que él ni se lo imagina.

¿Te has enamorado alguna vez de un bloguero?

No.

¿Estás satisfecha con tu blog?

No. Para qué voy a decir lo contrario. Me gustaría disponer de más tiempo para pulir mis escritos, compartir posts mucho más literarios, regalaros mejores historias... Pero también me ocurre cuando paseo por el hayedo. Siempre quiero llegar un poco más lejos.

Elige entre tres y cinco blogueros para que contesten estas preguntas en sus blogs

Casi mejor que lo dejo a la elección de quienes vienen por aquí y me regalan un poquito de su tiempo.

Lamia y Humano

Lamia y Humano

La nostalgia que ha sacado a Lamia de su letargo esta mañana discurre pareja al arroyo junto al que peina sus largos cabellos. Con cada pasada, el peine de hueso que acaricia su melena deshace las hebras en dulces cascadas de seda. El rumor del agua, que acompasa sus movimientos, se desliza entre las hojas haciéndose hueco a través de los cúmulos verdes de musgo aferrados a la roca.

 

Lamia inclina su cabeza tratando de captar el lejano murmullo de las hojas más altas de las hayas que guardan sus secretos. Las esquirlas de aire que traspasan los haces de luz hablan de una historia que aún está por llegar. El bosque entero, en complicidad con el viento, desvía los rumores creando en torno a Lamia una corriente circular preservándola del resto.

 

Pero Lamia espera a su Humano. En los lejanos años de su despertar, Mary le habló de un futuro incierto, poblado de seres ajenos a su naturaleza. Un lugar en el que todo le resultaría extraño y para el que volvería a nacer a través del amor.

 

Mientras Lamia deja el peine sobre la roca y juguetea con sus dedos en la espuma que el agua crea al pasar sobre las hojas, éstas palidecen tras su paso, en simbiosis con la roca, sirviendo de lecho al arroyo que discurre en un viaje hacia otro mundo.

 

Poco a poco el aire cambia permitiendo que el viento susurre en su oído ecos lejanos. Un rumor de pasos temerosos que se adentran en la espesura viene a mezclarse con un suspiro hondo y profundo. Lamia alza sus ojos hacia esa estela de olor desconocido que penetra la espesura como un dardo que busca su diana. Tan cerca y tan intenso que Lamia estira sus dedos, tratando de asir lo imposible. Tan cerca que la luz que le precede casi la ciega. Pero Lamia, junto al río, vuelve a peinar sus cabellos.

 

La foto, que me ha inspirado (y mucho), es de Miguel Ángel Latorre

Tengo prisa

Tengo prisa

Me siento como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas.

"Tengo prisa, tengo prisa...se me hace tarde. Tengo prisa, tengo prisa..."

Meme

Meme

La Mima propone un meme que le han pasado. 
Se trata de fijar tres propósitos relacionados
con el blog para el próximo año.
Mis tres propósitos podrían resumirse en uno: seguir con él. 
La verdad es que mi blog surgió como una obligación. 
La escritura ha sido siempre como una segunda piel
para mi pero llevaba unos cuantos años en los que me
había acostumbrado de tal manera a ahogar mi necesidad
de escribir que prácticamente había conseguido naufragar.

En un momento de cambio me planteé la posibilidad de editar
un blog como una forma de obligarme a plasmar vivencias,
relatos, ideas o pensamientos que me surgían o que
me agobiaban. La verdad es que la experiencia
ha resultado de lo más gratificante aunque en algunos
momentos la falta de material con el que nutrir este
espacio ha llegado a mosquearme un poco.

Me gustaría que fuera más literario, con más relatos...
Pero esto es lo que hay .... O a lo que llego.
Gracias a los que todavía seguís visitándome 
porque realmente sois los que me animais
a perseverar en mi objetivo.
La foto es de F. González (El puerto de San Sebastián) 

Cha, cha, cha

Cha, cha, cha

Hemos vuelto a bailar. Tu piel contra la mía.

Equilibrio de fuerzas contrarias.

Combate de euforia y miedo, materia y espíritu.

Desencuentro melódico en un dos por cuatro.

Mientras mi alma te anhela,

en esta búsqueda longeva de pasos desiguales,

mi cuerpo, ajeno al roce exacto de cuerpos y deseos.

Cha, cha, cha: chapoteo ligero.

Mi mente aletea asustada: siento tu piel contra la mía.

Ojos ajenos espían nuestras miradas.

Tu aliento resuena sobre las gotas de sudor resbalando en mi espalda.

Envidia de este baile que marcamos enredados en un sinfín de abrazos y caricias.

¡Lástima de baile! ¡Qué pena de miedo!

Miedo a sentir: tu piel contra la mía.

Como un niño impertinente...

Así es mi casa. Como un niño impertinente. Cuando regreso después de unos días de ausencia, me recibe mohina y cabizbaja. Responde a mi voz con una frialdad que ahuyenta cualquier afecto.

Al entrar, la foto de mi antiguo grupo de músicos me saluda tímida, como si no quisiera que la casa se diera cuenta de que somos amigas. Las hayas del cuadro que cuelga sobre la estufa parecen esconderse unas a otras, temerosas del ambiente húmedo y frío que se ha apoderado de mi hogar. No queda nada de la alegría que inunda sus paredes cuando el sol entra a raudales por las ventanas.

Afortunadamente, a medida que voy subiendo las persianas y la luz se derrama por el pasillo llenando las habitaciones, la casa empieza a desperezarse y mostrar su lado más amable. Primero es como una concesión fortuita que es un quiero sin querer. Después, los muros se esponjan poco a poco y reflejan el calor que desprende el sol rebotando en su superficie.

Y mi casa vuelve a ser amable, acogedora, cálida, risueña. Ese carácter indómito y desagradable que a veces se apodera de ella es superado por su lado más dulce. Ése que me enamoró aquella primera tarde de mayo.

Navidades de otros tiempos

Navidades de otros tiempos

Estrella helada. Estela de nieve.

Tras el cristal de los años he descubierto de nuevo aquella estrella redonda, con su rastro brillante que se cuela entre el vaho de la niebla. La noche de mi casa me envuelve mientras recuerdo otras navidades. Pero la estrella permanece. Nada cambia. En medio del paseo, un rastro brillante anuncia un pasado lejano de mazapán y castañas. De pies fríos que aletean sobre la nieve y manos que se esconden en un bolsillo ajeno: grande y cálido. A pesar de su hielo, la estrella me atraviesa con un rayo cálido y suave. Calienta mis recuerdos y me acerca a una infancia lejana, feliz e inocente.

Feliz Navidad

Feliz Navidad

Aún siendo cosciente de que la Navidad es cada vez una fiesta más pagana, sigo trabajando para vivirla como me enseñaron. Por eso, quiero haceros partícipes de la felicidad que para los creyentes supone la llegada de esta cita y pediros que me acompañéis en el camino por lograr ser una mejor persona.

Feliz Navidad a todos.

 

(La foto es de mi hermano, que además de ser una gran persona, se defiende muy bien con la cámara)

La cigarra y la hormiga

Me acaban de enviar por correo electrónico una revisión actualizada de la fábula de La Cigarra y la Hormiga. No me resisto a compartirla con vosotros porque.... !qué pena de hormigas... siempre aguantando lo mismo!

La hormiga trabaja a brazo partido todo el  verano bajo un calor
aplastante. Construye su casa y se aprovisiona de  víveres para el invierno.

La cigarra piensa que la hormiga es tonta y  se  pasa el verano riendo, bailando y jugando.


Cuando llega  el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le  hace falta hasta la primavera.


La cigarra, tiritando, organiza una rueda de  prensa en la que se pregunta por qué la hormiga tiene derecho a vivienda y  comida cuando quiere, cuando hay otros, con menos suerte que ella, que tienen  frío y hambre.

 

La televisión organiza un programa en vivo en el que la  cigarra sale pasando frío y calamidades y a la vez muestran extractos del  video de la hormiga bien calentita en su casa  y con la mesa llena de comida..


Los  españoles se sorprenden de que en un país tan  moderno como el suyo dejen sufrir a la pobre cigarra mientras que hay otros que viven en la abundancia.


Las asociaciones contra la pobreza se  manifiestan delante de la casa de la hormiga.


Los periodistas  organizan una serie de artículos  en los que cuestionan como la hormiga  se ha enriquecido a espaldas de la cigarra e instan al Gobierno a que aumente  los impuestos  de la hormiga de forma que éstas puedan vivir  mejor.


Respondiendo a las encuestas de opinión, el Gobierno elabora  una ley sobre la igualdad económica y una ley con  carácter retroactivo, antidiscriminación.


Los impuestos de la hormiga  han aumentado y además le llega una multa porque no contrató a la cigarra  como ayudante en verano.
Las autoridades embargan la casa de la hormiga, ya  que ésta no tiene suficiente dinero para pagar la multa y los  impuestos. La hormiga se va de España y se instala con éxito en Suiza.  La televisión hace un reportaje donde sale la cigarra con sobrepeso, ya  que se ha comido casi todo lo que había mucho antes de que llegue  la primavera...


La antigua casa de la hormiga se convierte en albergue  social para cigarras y se deteriora al no hacer su inquilino nada  para mantenerla en buen estado.


Al Gobierno se le reprocha no poner los medios necesarios.  Una comisión de investigación que costará 10 millones de Euros se pone en  marcha.


Entretanto la cigarra muere de una sobredosis.


Las radios y las teles comentan el fracaso del Gobierno para intentar corregir el problema de las  desigualdades sociales.


La casa es ocupada por una banda de arañas  inmigrantes.


El Gobierno se felicita por la diversidad cultural de  España.



 

 

Las zapatillas olvidadas

Las zapatillas olvidadas

Esta noche pasada, sentada frente al televisor, he descubierto las zapatillas de deporte de mi hijo. Olvidadas al pie de la tele me hablaron de cambio. De crecimiento. De evolución.

Todavía recuerdo el primer día que le puse sus primeros zapatos. Era un bebé que miraba al mundo con sorpresa. Esperando todo.

No he podido olvidar las lágrimas que cayeron sobre aquellos zapatos. Fue la primera vez que fui consciente de la separación que tendría que ir estableciendo con él.

Como casi todas las madres, un instinto atávico surge de mis entrañas cuando intuyo que el peligro acecha a mi "cachorro".

En estos momentos, intuyo otro punto de inflexión y me preparo para él.

Las zapatillas olvidadas me han recordado que la vida sigue, avanza y te supera.

Soledad

Soledad. Amante ingrata.

Te busco y no estás.

Si te rechazo, me ahogas.

Soledad. Cruel. Ingrata.

Fin de semana

Cuando termina una semana de infarto.... os deseo un feliz finde. 

Yo me voy hacia el norte...

Vuelvo el lunes con las pilas cargadas.  

El Corazón Helado

El Corazón Helado

Acabo de terminar de leer "El Corazón Helado", la última novela de Almudena Grandes (Tusquets Editores. Colección Andanzas. 933 páginas). He dicho la última novela pero debería decir novelón, y no sólo por su volumen. Líbreme yo de hacer una crítica literaria de esta historia. En mi ánimo está sólo, al igual que ya he hecho con otros libros que me han gustado, animaros a leer.

 

Hacía mucho tiempo que no me costaba tanto terminar un libro. Lo cierto es que leo mucho y variado. Más bien "devoro" libros, como dice mi madre. Cuando mis obligaciones me lo permiten, lo que más me gusta hacer -además de bailar (lo que no puedo practicar fuera de mis clases por falta de "partenaire")- es leer. Me encanta sentarme en el sofá de mi cuartito de estar con un buen CD de fondo y un libro en las manos. Creo que en algún otro post o comentario he hablado ya de este hobby que me obliga a buscar espacios insospechados (algo difícil en un piso de 50 metros) donde albergar mis, cada vez más numerosos, libros.

 

El de Almudena Grandes es el último que he leído. Me ha gustado mucho pero no es una novela para leerla de un tirón. La arquitectura de la historia es compleja. Hay dos historias paralelas que se van entretejiendo y que, a medida que avanza la lectura, nos van dando la clave para entender ambas. He de reconocer que he disfrutado más con el relato ambientado en la Guerra Civil que en el actual. Y no os voy a desvelar nada más por si os animáis a leerlo. Solo recomendaros las descripciones del mundo interior del protagonista que hace la escritora y que explican un comportamiento que, de otra forma, no se entendería.

Otoño en el hayedo

En medio de la semana, todavía con el regusto de los días de fiesta en el paladar y anhelando ya un nuevo descanso, me voy a permitir -con la aquiescencia de su autor- reproducir aquí un poema de Fernando Sarria . El poeta pone su arte al servicio de un hayedo en otoño.

Como ya he comentado alguna vez, las lamias nos sentimos especialmente cómodas entre las hayas rojiverdes, llenas de fruto antes de perder definitivamente su vestido de hojas.

Como Fernando lo ha escrito muy bien, he querido reproducir aquí un poema de Fernando que me ha gustado especialmente.


 

Quizás el hayedo todavía no lo sepa, pero es otoño,


y pronto esta bruma que lo inunda al alba,

cuando se despereza con el canto de los pájaros del bosque,

será silencio, escarcha, hielo.

En su debe aún posee la luz acumulada del estío,

pero las últimas y hermosas hojas,

naranjas y amarillas,

se llevarán en su viaje

la nostalgia del tiempo pasado.


Así anido yo, en los pequeños remansos de la soledad.

Revivo los instantes cuando tu cuerpo se dejaba acariciar,

mis labios apenas pasaban por tu piel,

te rozaban calladamente y todo volvía a comenzar.


En un largo sendero de placer ausente caen los días,

y son cada hoja de este otoño que me invade

las que me van desnudando de ti.

Tú ya no estás, y te vas difuminando en mi memoria

según pasan ante mis ojos, como nubes, los recuerdos.



Solo mía

Solo mía

El pasado fin de semana, TVE, en su segunda cadena, programó una película protagonizada por Sergi López y Paz Vega: "Sólo mía". Aunque he de reconocer que Sergi López no es uno de mis actores favoritos y que veo mejor a Paz Vega en papeles frívolos de niña pija, "Sólo mía" es una película que aborda un tema que me pone los pelos de punta: el de los malos tratos.

 

"Sólo mía", al igual que "Te doy mis ojos" (esta última protagonizada por Luis Tosar y Laia Marul, si no me falla la memoria) son dos películas que durante mucho tiempo me negué a ver. Ambas, desde distintos puntos de vista, abordan el tema de los malos tratos y la paulatina degradación a la que se ven sometidas las mujeres víctimas. Y sus hijos.

 

Este fin de semana "Sólo mía" ha vuelto a revolverme tanto o más que la primera vez que la vi. Aunque sigo pensando que los personajes de "Te doy mis ojos" están mucho mejor construidos, ambas coinciden en mostrar hombres débiles que se crecen merced al sometimiento de sus parejas.

 

Tradicionalmente la sociedad española ha pensado que los malos tratos se circunscribían a determinadas capas sociales, preferentemente amas de casas con escasos ingresos y menor formación. Quizás hace décadas fuera así (o tal vez no) pero, en la actualidad, cada vez son más los casos de mujeres con estudios universitarios, que disponen de ingresos propios, con un reconocimiento profesional y social que, sin embargo, cuando la puerta de su casa se cierra, se convierten en NADA.

 

La NADA llega poco a poco. Al principio son pequeños reproches. Críticas veladas. Silencios profundos después de un comentario sobre el vestuario, la comida, una decisión adoptada, una actitud en el trabajo.

 

A medida que pasa el tiempo, comienzas a cometer errores. Cada vez más frecuentes. Porque el miedo empieza a paralizarte. Al principio son pequeños rayos de hielo que hieren tus vísceras: el estómago, el pecho... el corazón. Sin embargo, él vuelve a calentar tu ánimo y consigue el deshielo. Sin embargo, el frío se extienda en capas cada vez más profundas y más amplias. Como una marea de icebergs que confluyen hasta crear una península que lo inunda todo. Y llega un momento en que los rayos ya no son tales, ni siquiera los sientes porque tu corazón se ha helado. Vives pensando sólo en evitar los errores. En prevenir situaciones que, sabes con certeza, van a desembocar en la crítica. Esa censura que te destruye y compacta el hielo que tienes dentro. Y mientras tanto, la nada se apodera de ti. Porque te conviertes en nada. Desapareces para el resto del mundo. No hay nada más allá de las cuatro paredes que guardan los secretos. No hay nada más allá del hielo.

 

Y un buen día, a lo lejos, desde ese infierno blanco en el que habitas, vislumbras un rayo nuevo. Una luz intermitente que brilla en la distancia y que, en su resplandor, te ofrece un mundo distinto, sin hielo, en el que la nada desaparece para dar paso a sensaciones, amistades, música, calor... calor de nuevo. Para llegar a ese nuevo mundo sólo tienes que dar un salto y agarrarte con fuerza. Sin embargo, estás tan entumecida, llevas tanto tiempo en la Nada que has olvidado tus capacidades. No crees poder saltar. Temes caer de nuevo al abismo.

 

Y en la Nada, en la que muchas veces te acompañan los niños, encuentras en ellos la fuerza para saltar al vacío. Y cuando te lanzas, manos amigas sostienen tu vuelo y te ayudan a llegar a la luz. Y te acompañan en ese viaje por el desierto que es la vuelta a la vida.

 

Mientras, hay que alguien que sigue pensando: "Solo mía".

Felicidad

Felicidad

Felicidad es mi hijo bajando las escaleras de cuatro pisos a las siete y media de la mañana para darme un beso porque no se había dado cuenta de mi abrazo de despedida.

El Aragón que Queremos

Hace unos días escribí un texto titulado "El hombre del traje gris". Ayer tuve ocasión de asistir a la clausura de la VII Cumbre Empresarial de Aragón y me encontré no sólo a un hombre de traje gris sino a casi tres centenares de empresarios, del género masculino, que durante todo el día habían estado disertando sobre el futuro de la Comunidad Autónoma.

Es una pena comprobar como, a pesar de los esfuerzos que se hacen desde las altas instancias, y de la lucha diaria de miles de mujeres que tratan de ir ganando cotas de poder, sigue siendo testimonial la presencia femenina en determinados ámbitos. El empresarial es uno de ellos.

Aunque no pude hacer un muestreo exhaustivo, si puedo asegurar que no pasaban de la decena las mujeres que ayer asistieron a esta cita económica. He de decir, además, que era especialmente difícil distinguirlas entre la masa de trajes grises porque la mayoría de ellas (por no decir todas) habían optado por un atuendo similar al de sus compañeros. Abundaban (entre diez no puede haber mucho "abundamiento", en cualquier caso) los trajes chaqueta, completados con pantalón y no falda, de color negro o gris. No vi vestidos, ni colores. Parecía como si las pocas mujeres que habían acudido al evento pretendieran (cual camaleones) mimetizarse con su entorno para no llamar demasiado la atención. Una de las asistentes, con la que llegamos a comentar la escasa representación de mujeres, llegó a contarme como -cuando inició su carrera política- un asesor de imagen le aconsejó usar trajes de chaqueta-pantalón y colores neutros para que la atención de los hombres se centrara en lo que decía y representaba y no en su propia figura (sus piernas, concretamente).

Aunque las mujeres hemos ido incorporándonos a espacios tradicionalmente ocupados por los varones, es bien cierto que todavía hay "paisajes" dominados por el sexo masculino.

 

 

Rozando su cara

Rozando su cara

Suave y aterciopelada, duna en invierno,

la piel de tu rostro resbala en mi mano.

Acción desmedida.

La niebla ha extendido su manto de nubes

sobre mi almohada,

gotas de escarcha en lágrimas rotas perlaban tu cara.

Caricia indiscreta en un pómulo suave.

No te gusta. Empeño imposible,

Hollaré la arena y construiré montañas a partir de nada.

El Rey de la Caverna

Érase una vez un rey que habitaba una Caverna. Pequeño, enjuto y avispado, tenía unos ojos, inteligentes y ávidos, que protegía bajo dos paraguas negros que apuntaban un nuevo color merced a esas primeras nieves que anuncian el inicio de la postrera estación. El monarca jamás abandonaba su trono y, si lo hacía -cosa extremadamente inusual-, siempre era acompañado por alguno de sus fieles vasallos.

El rey de la Caverna dirigía vidas y destinos desde su atalaya oscura, casi parda por la falta de luz, energía que ilumina e inspira el discernimiento. Siempre rodeado por sus fieles, recibía las noticias del reino bajo el tamiz de enfoques interesados. Aunque sus dominios eran limitados, el dignatario apenas conocía a sus súbditos. Ignoraba sus intereses y preocupaciones y desconocía sus deseos y anhelos. Sin embargo, el rey creía dominar su reino.

Los habitantes del reino eran gentes oriundas del lugar y otros llegados de lejanas tierras que, sabiendo de la bonanza del país de la Caverna, habían acudido en busca de vidas mejores. Al principio las tierras y zonas de acampada fueron abundantes, cómodas y al abrigo de los vientos. Pero, a medida que el reino fue creciendo en extensión y población, los habitantes cada vez encontraban mayores incomodidades. Escaseaban los alimentos, el abrigo de la caverna ya no era suficiente y los recién llegados, y algunos viejos que habían sido desplazados por nuevos vasallos, se hacinaban en covachas improvisadas en las que almacenaban sus enseres más queridos.

El rey de la Caverna dirigía su reino inconsciente de la situación que atravesaban sus súbditos.

Sin embargo, un buen día, los suspiros y sollozos de los que aguardaban fuera llegaron hasta el rey. Cuando el monarca preguntó a sus fieles vasallos por el origen de las quejas, aquellos que habían permanecido al abrigo de la caverna y calientes gracias al fuego del rey, no supieron encontrar una respuesta. Entonces, en un acontecimiento único que sólo se producía la luna anterior a la llegada del invierno, un pequeño rayo de luz consiguió atravesar los miles y miles de toneladas de piedra que protegían la Caverna. El rey, entonces, descubrió una nueva cara de sus fieles vasallos. Una expresión que sólo aquella luz furtiva había puesto de manifiesto. Y el rey, sollozando a su vez, en armonía con sus súbditos, exclamó: Durante todo este tiempo sólo he conocido la cara que me presentabais. Ahora, gracias a esta luz huidiza que sé que no perdura, descubro nuevos aspectos desconocidos para mi. No sé nada de vuestras vidas, deseos o temores. ¿Cómo he podido gobernar mi reino ante esta falta de información?

En ese momento, sin embargo, el pequeño haz de luz que se había mantenido tembloroso sobre el grupo de vasallos se esfumó. El rey se dio la vuelta y volvió a su trono en medio de la Caverna.

Pequeños placeres

Pequeños placeres

La vida está hecha de pequeños placeres. Una sonrisa, un paisaje, un suspiro, una mirada, una visita inesperada, un viaje, un mano que acaricia, un amigo que vuelve...

A veces pensamos que nada merece la pena: el trabajo nos abruma, los problemas nos persiguen, la hipoteca no deja de subir, el sueldo cada vez parece más escaso, el compañero de al lado no deja de incordiar y el jefe... mejor ni hablamos del jefe.

 

Sin embargo, siempre hay pequeños placeres que hacen que cada día merezca la pena.

 

Estos últimos años ha habido mañanas en las que no hubiera salido de mi concha, días que hubiera borrado con la misma fuerza con la que las olas arrastran la arena en un día de resaca, momentos que jamás hubiera querido vivir, días para olvidar.

 

En ese tiempo de tránsito, un pequeño ritual me ayudó a superar cada día. Cuando, al filo de la noche, volvía a mi concha y me encerraba entre velos de tristeza, rememoraba la jornada y me asía a pequeños placeres que me había otorgado la luz: una llamada inesperada, una sonrisa gratuita, un beso de mi hijo, su mano entre mis dedos...

 

Este fin de semana he vuelto a ratificarme en la idea de que lo que realmente importa son esos pequeños placeres que el día a día nos proporciona y que nos aportan gotas de felicidad que ruedan como perlas hasta engrosar sus paredes con el nácar de los recuerdos.

 

Los días que se alargan de forma interminable dejando un breve espacio a lo que realmente nos gusta, encuentran sin embargo pequeños intermedios que vienen de la mano de esos pequeños placeres.

 

Desde el lunes arrastro la niebla que me rodeaba el sábado cuando, a lomos de la moto de mi hermano, recorría la zona más verde de mi corazón. Montañas que emergían sobre prados de bruma, árboles veloces que se escurrían a nuestro lado mientras surcábamos la serpiente moteada de blanco que nos conducía a la cima.

 

Es una pena que mi falta de habilidad informática me impida colgar en el blog alguna foto del viaje. Pero espero que esta pequeña descripción proporcione a sus lectores una mínima parte del pequeño placer que arrastro desde entonces.

He conseguido resolver el tema de la foto... Así podéis ver algo del paisaje descrito.